Erase una vez una hormiga (tú o yo) y una cigala (llamémosla Mari Carmen).
Durante décadas la hormiga trabajó y trabajó, y ahorró lo suficiente para tener una casa propia dentro de sus posibilidades, mientras que la cigala vivía en un piso de alquiler de renta antigua mientras trabajaba de funcionaria tocándose los huevos y luego se llevó una pensión de 1400€ al mes.
Cuando al final el contrato chollo se le acabó y tuvo que abandonar la casa se negó a hacerlo.
Le ofrecieron alternativas, pero ella no quiso irse del piso de alquiler porque estaba de puta madre en un barrio de los buenos.
Pero al final, y aunque puede provocar pena, la cigala, por mucho apoyo de la izquierda que tenga, la echaron de un piso que no era suyo.
Fin