Anoche unas 500 personas durmieron en la Puerta del Sol, en un centenar de tiendas de campaña, después de la manifestación por Maricarmen.
Ya lo llaman el nuevo 15M. Renovado. Ahora lava más blanco. Pero es más bien el 15Meme (gracias,
@Proserpinasb, por tanto).
El Sindicato de Inquilinas lo convocó en X con un "¡Todo el mundo a Sol!" y pidió a quien no pudiera quedarse que llevara sacos de dormir, esterillas, comida y agua. Muy espontáneo.
Quince años después, la gran idea de la izquierda es volver a plantar la tienda de campaña en la misma plaza. Esto es reconfortante, porque si lo único que les queda es hacer un refrito del 15M, es que están bastante mal.
Encima, para su desgracia, han elegido acampar justo antes de la primera borrasca otoñal, que esta semana trae lluvia a Madrid. Un plan sin fisuras.
Este 15M de cartón piedra solo busca dos cosas.
La primera, hacerse un hueco en alguna lista. La vivienda ha sido un ascensor político bastante rápido en la izquierda patria: Ada Colau pasó de portavoz de la PAH a alcaldesa de Barcelona, y Alejandra Jacinto, abogada de la PAH de Madrid, acabó de candidata de Podemos a la Comunidad y de portavoz de vivienda de Sumar.
La segunda cosa que buscan es ensayar. Así van calentando motores. El 15M de verdad también empezó con el PSOE en la Moncloa. A los seis meses el PP ganaba las elecciones con mayoría absoluta, y en 2012 ya le habían montado dos huelgas generales y el Rodea el Congreso. De aquello salió Podemos. Hasta los medios de izquierda se preguntan estos días si Maricarmen es la "chispa" que necesita la izquierda para recuperar la calle.
No olvidemos que los grandes beneficiados del 15M fueron Pablo Iglesias e Irene Montero, que se han enriquecido hasta convertirse en todo lo que denunciaban, y que hoy siguen viviendo a cuerpo de rey de la política. Lo de anoche parece más un casting, un "Tú sí que vales", para ver quién es el próximo al que le toca chalecito en una urbanización pija de estas que tienen barreras para entrar.
No está claro si habrá cambio de gobierno, porque todo está más podrido de lo que parece, pero si lo hay, esto es un aviso de lo que viene. Uno de los miembros del sindicato lo explicaba esta primavera en una entrevista: su actividad principal consiste en "detectar problemas y convertirlos en conflictos". Y su portavoz Valeria Racu ya avisó en 2024 a los caseros de que, si seguían subiendo precios, dejarían de pagar y no habría "policía, juzgados ni matones" para echarlas a todas.
De momento se manifiestan, además de contra Ayuso y Almeida, que eso va de serie, contra el Gobierno que muchos de ellos habrán votado. La consigna de la acampada es "O cae el rentismo o cae el Gobierno", y su otra portavoz, Alicia del Río, avisó ayer de que si el decreto no sale el martes, "este Gobierno que se dice progresista no tiene ningún sentido". Sumar, que tiene cinco ministros, amenaza con no ir al Consejo de Ministros de su propio Gobierno. Y Del Río acusó a Sánchez de aprovechar el dolor de Maricarmen en su "campaña partidista contra el PP". En eso, fíjate, estamos de acuerdo. Pero han olido sangre y se dedican además a lo de siempre: tratar de imponer su neocomunismo, que, aunque neo, ya luce trasnochado.
Traen de serie el vocabulario del 36. La marcha acabó en el Congreso al grito de "Madrid será la tumba del rentismo", ¡qué ocurrentes! No sé si se cumplirá esta profecía, pero viendo los resultados electorales de Madrid, parece que ha sido la tumba del izquierdismo.
Pues los pijipis malasañeros del sindicato este lo que exigen es el llamado "Decreto Maricarmen": que los contratos de alquiler se renueven solos (o vamos, que sean indefinidos), que no se pueda echar a nadie sin causa y que los precios se congelen, también cuando cambia el inquilino.
O sea, que el piso sigue a tu nombre para pagar el IBI y las derramas, pero el precio lo pone el Gobierno y el contrato se renueva solo. Vamos, que es quitarte la propiedad sin expropiártela. Prórroga forzosa y precio congelado: la renta antigua de Franco con otro nombre. Es bonita la paradoja.
Y cada vez que se regula la vivienda a golpe de pancarta, el problema empeora. No hace falta irse lejos, lo tenemos en Cataluña.
Allí topan los alquileres desde marzo de 2024. ¿Qué hicieron muchos dueños? Pasarse al alquiler de temporada, que no tenía tope. A finales de 2025, casi dos de cada tres pisos que se anunciaban en alquiler en Barcelona eran de temporada. En enero toparon también el de temporada, y en unos meses esa oferta cayó un 42% sin que los pisos volvieran al alquiler normal.
El precio se contuvo algo en las zonas tensionadas, sí, pero la presión se fue fuera: a finales de 2025 el alquiler subía un 1,6% en esas zonas y un 9,4% en el resto de Cataluña, casi seis veces más. Es como cuando implantas el SER en un vecindario y jodes al de al lado, que se llena de coches.
Con las ayudas pasa algo parecido. Si le das dinero al inquilino para pagar un alquiler en un mercado donde no hay pisos, el casero lo sabe y sube el precio. En Francia, donde lo han estudiado, de cada euro de ayuda unos 80 céntimos acababan en el bolsillo del propietario. Es lo que avisan los economistas del bono joven.
Y cuanto más cuesta echar al que no paga, más trabas pone el dueño para firmar. Con eso acabas de cargarte cualquier alquiler a los que la ley llama vulnerables.
Todas estas medidas atacan el precio y se olvidan de lo único que lo baja, que es que haya más casas. Y ojo, no nos hagamos trampas al solitario, que aquí tampoco hay inocentes: en un país donde hay mucha gente propietaria, pocos votan para que su piso valga menos.
Dicho esto, en el diagnóstico aciertan. Hay un problema serio de acceso a la vivienda, y lo tienen los jóvenes y los no tan jóvenes. Pero sus recetas fallan en lo más básico.
La población crece, y crece por la inmigración, pero las casas no al mismo ritmo. El Banco de España calcula que desde 2021 faltan unas 755.000 viviendas y que en 2028 pasaremos del millón.
La izquierda que ayer estaba en Sol es la que más defiende que siga llegando gente, y es la misma que se pone en contra cada vez que alguien quiere construir más y más rápido. Puedes defender que venga más gente o puedes oponerte a que se construya, pero las dos cosas a la vez no hay manera si hay un problema de vivienda escasa. Es matemáticamente absurdo.
Y luego está lo del centro. Todos quieren vivir en el centro, que en realidad quiere decir los barrios que les gustan y que no se pueden pagar. Tienen hasta una campaña que se llama "Nos quedamos".
La cosa es que sus padres y sus abuelos hicieron lo contrario. Entre 1975 y 1996, Madrid capital perdió más de 350.000 habitantes mientras Móstoles o Fuenlabrada no paraban de crecer. En los ochenta el centro se caía literalmente a trozos, y el que tenía dinero se iba a Pozuelo o a Las Rozas. Y el barrio de Salamanca, antes de ser lo que es, fue el ensanche, o sea, las afueras.
Aquí me encanta la propuesta de la candidata a candidata de Podemos,
@Rebevolutions, para el centro: ¡que llegue hasta Toledo! ¡O hasta Málaga, que así Madrid tiene playa!
Pero bueno, creen que se puede decidir dónde vive la gente solo con desearlo. El día que vuelva a cambiar la película, estarán acampados porque los ricos viven en La Moraleja o en Puerta de Hierro y ellos no pueden. Cualquier cosa con tal de vivir del cuento.
Lo de Sol no va a bajar el alquiler de nadie, pero sirve de entrenamiento para cuando gobierne otro color: no habrá ni un solo día de paz social.
Y le echarán la culpa de todo cuando los suyos llevan dos legislaturas en el Gobierno. Ni cotiza.