Y a todo eso se suma, además, que el resto somos unos flojos. Todo lo que conlleve un pequeño esfuerzo intelectual, de movilización, de entrega o de cualquier otra índole lo posponemos hasta que sucede algo gordo, y entonces, es que estamos politizando el dolor. Qué desazón.
Mira que hay cosas preocupantes, pero de las que más me preocupa a mí es la falta absoluta de conciencia ciudadana. Hay gente que está dispuesta a aceptar que su madre o su hijo se maten en un tren con tal de que gobiernen los buenos. Incomprensible.