Ni vas a leer tus memorias, ni tampoco las gestas de los romanos antiguos y griegos, ni las selecciones de escritos que reservabas para tu vejez.

Escaldes-Engordany, Andorra
#NoalacordUE La UE és la mort de la llibertat individual i el triomf del col·lectivisme. I com conseqüència, la pujada d’impostos i la pèrdua de sobirania. Nosaltres ja ho hem viscut. Andorrans, no caigueu al parany!
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elKalvo retweeted
Replying to @jonathanccadams
Yes. Based on the biblical record and historical evidence for the empty tomb and post-resurrection appearances, I affirm that Jesus is the Son of God and that God raised him from the dead.
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Andorrans still haven’t voted on the EU association agreement. The longer the government delays, the more it looks like it fears the answer. Yet saying No would be perfectly rational. The EU is asking Andorra to bind itself more tightly to a system whose largest economies are visibly deteriorating. France has just been downgraded from AA− to A+. Its debt is heading towards 120% of GDP and its interest bill keeps rising. Production in Germany’s energy-intensive industries has fallen 15% since 2022. Eurozone inflation is back at 3.3%, driven by a 14.3% surge in energy prices. Diesel now approaches €3. Every increase eventually reaches consumers through transport, food and services. Meanwhile, AI is forcing service economies to adapt faster than European politics seems capable of moving. None of this means Europe collapses tomorrow. It means closer integration is not the safe choice it is being sold as. Andorra does not need this agreement to “access Europe”. It’s already there. Andorra is a safe haven in the heart of the continent, where entrepreneurs and free minds can thrive outside EU regulations. The agreement would not give Andorra access to Europe. It would give Europe more control over Andorra, undermining the very independence and freedom that have made the country work for the past 50 years. Voting No would not be isolationism. It would be common sense.
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Tengo menos ganas de trabajar que Pedro Sánchez en agosto
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Si ves este tuit , tienes que mencionar uno de tus cuadros favoritos.
Si ves este tuit, tienes que mencionar uno de tus cuadros favoritos
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Andorra no és només un paradís natural, un bosc inacabable, la pau de cada dia. És el teu veí que sempre et somriu, els nois jugant al parc, una col·lectivitat respectuosa i productiva. Cada dia li dono gràcies a Déu per tot això i també, gràcies, Andorra.
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Los uruk-hai van a merendar.
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“Lucifer no necesita originalidad. Necesita iteraciones a la velocidad de cada época.” (Grok) Esto me acaba de soltar @grok y no sé muy bien cómo mejorarlo.
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Todo esto que nos pasa es fruto de lo mismo: pérdida de la noción del legado y pérdida de la noción de que la civilización apoyada en el principio de no-agresión requiere defensa material.
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Si cae el PSOE cae España, porque hay una media España parasita y amoral que vive de la otra media y que está dispuesta a reventar el país para poder seguir manteniendo sus privilegios. No es Pedro Sánchez, es tu vecino, es tu compañero de trabajo. Es tu cuñada la onegera. Y es cada ciudadano blandengue, cada votante de esos que se manchan al comer yogur. Ellos son los verdaderos culpables del desastre. Y los siete millones de malnacidos dispuestos a seguir votando a Pedro Sánchez aunque salga en directo en la tele comiéndose un niño crudo.
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Los españoles están solos. Ellos lo decidieron así.
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Com no donar gràcies a Déu per Andorra.
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En la noche de Engordany los grifos ya no alimentan al río.
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En Andorra, la ciudad es un bosque dormido.
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Andorra, un domingo por la mañana.
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Replying to @elKalvo2
¡Entendido! Con el Oscargután ya hay bastante tela que cortar para escandalizarse un rato. Si en otro momento quieres estimaciones de otro perfil o tema, solo avísame. 😊
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Cosas que sabe @grok
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Segunda Ley de la Termodinámica En un laboratorio austero de finales del siglo XIX, un físico austriaco llamado Ludwig Boltzmann observaba con fascinación y melancolía cómo el universo parecía tener una dirección irrevocable. Las tazas de té se enfriaban, los aromas se dispersaban, los relojes se paraban. El orden siempre se deshacía. Jamás al revés. De aquellas observaciones surgió la Segunda Ley de la Termodinámica: en un sistema cerrado, la entropía, o la medida del desorden, de la aleatoriedad, de la energía inutilizable, tiende a aumentar de forma inexorable. El orden no es el estado natural; es una conquista frágil que exige energía constante y estructuras complejas para mantenerse. Un cristal puede romperse en mil pedazos; los pedazos jamás se reordenan solos en un cristal. Un huevo se rompe y se derrama; nunca vuelve a su forma perfecta. Para combatir esta tendencia universal se necesita un flujo constante de energía externa y mecanismos sofisticados de organización. Sin ellos, todo sistema tiende al equilibrio térmico, al caos molecular, a la máxima entropía. Esta ley física, una de las más irrefutables de la ciencia, no se detiene en los laboratorios. Se manifiesta también en las sociedades humanas, que no son más que sistemas complejos de millones de individuos con sus propios incentivos, información y deseos. A lo largo del siglo XX, los regímenes socialistas planificados intentaron desafiar esta ley con arrogancia prometeica. Creyeron que un puñado de planificadores centrales podía imponer orden perfecto sobre economías inmensamente complejas por medio de decretos, cuotas y planes quinquenales. Diseñaron un gran sistema cerrado: el Estado lo controlaba todo, desde los precios hasta los destinos individuales. Pero la entropía humana, el impulso natural de cada persona a minimizar el esfuerzo propio y maximizar el beneficio personal cuando los incentivos están distorsionados, comenzó a crecer de inmediato. La información se dispersaba, los incentivos se corrompían, la coordinación se volvía imposible. Para combatir ese desorden creciente, los planificadores necesitaron inyectar cada vez más «energía externa»: - propaganda masiva - policía secreta - campos de concentración - gulags - Stasi - vigilancia total. La represión no era un accidente; era el precio termodinámico de mantener un orden antinatural. Sin ella, el sistema volvía rápidamente al caos. El colapso de la URSS en 1991 fue un ejemplo clásico de aumento brutal de entropía. Cuando la coerción falló, el orden impuesto se desintegró en hiperinflación, escasez generalizada, mafias, corrupción y desindustrialización. Venezuela repitió el experimento décadas después con resultados aún más visibles: de país rico en petróleo a nación donde la gente rebusca comida en la basura. El sistema cerrado se había saturado de desorden. En contraste, el capitalismo de mercado funciona como un sistema abierto termodinámicamente eficiente. No intenta imponer orden desde arriba. En su lugar, utiliza precios, competencia y propiedad privada como mecanismos disipativos de información y energía. Los precios actúan como señales que canalizan recursos hacia donde más se necesitan. La competencia castiga el error y premia la coordinación. El fracaso empresarial es entropía localizada que se disipa rápidamente, permitiendo que nuevos experimentos surjan. No se necesita un gulag para que la gente trabaje: el beneficio propio, alineado con el servicio al prójimo a través del intercambio voluntario, genera orden espontáneo. La izquierda cultural contemporánea repite el mismo error termodinámico en otro plano. Intenta imponer por decreto un «orden social justo», equidad de resultados, diversidad obligada, lenguaje purificado, pensamiento correcto, sobre sociedades complejas. Cuando la entropía natural de las diferencias humanas, las preferencias individuales y los incentivos reaparece, responde con más coerción: - cultura de la cancelación - vigilancia digital - adoctrinamiento en las escuelas - leyes de odio. Nuevamente, represión creciente para combatir el desorden que ellas mismas generan. La Segunda Ley no es cruel; es indiferente. Simplemente nos recuerda una verdad incómoda: el orden social valioso no se decreta, se cultiva. Requiere sistemas abiertos que disipen la entropía de forma continua y local, en lugar de acumularla hasta el colapso. Los experimentos que ignoran esta ley terminan siempre igual. Primero con promesas de paraíso planificado, luego con cárceles para mantener la ilusión, y finalmente con ruinas humeantes cuando la energía de la coerción se agota.
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