Lo más interesante del discurso de Delcy Rodríguez en la ONU es lo que NO dijo.
No menciona ni una sola vez a Maduro ni a Chávez.
Tampoco exige la liberación de Maduro de su supuesto «secuestro».
No menciona ni condena la operación militar del 3 de enero. Se refiere a ella breve y someramente como la primera gran prueba que tuvo que atravesar Venezuela en este 2026.
No vende el acuerdo petrolero con EE. UU. ni explica sus alcances. Solo se limita a mencionarlo como un acuerdo binacional cuando habla del tema ambiental.
En cuanto a lo que sí dice, quedan vacíos que muestran sus evidentes contradicciones y afirmaciones que confirman el tutelaje.
Primero. Agradece a Trump. Sí, al mismo que se llevó a Maduro nueve meses atrás y con quien salió sonriente en la foto de ayer.
Segundo. Trata de venderse en este discurso como el puente entre dos momentos históricos: el de una Venezuela que pasa del extremismo, la violencia y la miseria a una Venezuela democrática, próspera y moderna.
Lo que omite en este discurso, y en toda la propaganda oficial, es que ella fue parte de este sistema y ejerció cargos de suma importancia en él. Desde canciller hasta vicepresidenta ejecutiva.
Delcy, entre otras cosas, tuvo bajo su cargo al SEBIN, acusado de masivas violaciones de los derechos humanos.
No, Delcy no es una nueva cara reformadora que viene a conducirnos a una transición. Delcy es parte del sistema y, como parte de ese sistema, está dispuesta a todo para sobrevivir.
Su «apertura» no es tal. Solo es una maniobra táctica para ganar tiempo y aspirar a su supervivencia.
En un apartado del discurso, lo admite: dice que conoce muy bien las puertas que se deben abrir para transformar a Venezuela.
Pues esa puerta es la del Palacio de Miraflores, y debe abrirse de par en par para que pase el representante del pueblo escogido en unas elecciones presidenciales libres.
Si sabe tanto de puertas, que abra la del CNE para que se fije definitivamente un cronograma electoral que reduzca la incertidumbre y nos dé certezas.
Delcy, en un momento, evoca algunas reflexiones que podrían parecerse al concepto de una transición vía reforma. Dijo que rechaza la ruptura y que esta transformación debe darse desde adentro, por medio de las instituciones.
El problema es que el chavismo, cuando habla en estos términos, no está hablando de una transición a la democracia, sino de una transición del chavismo más gorila, analfabeta y sádico a un chavismo más pragmático y con imagen de tecnócrata.
El problema es que el chavismo, aunque se vista de Chanel y use mejor el teleprompter, sigue siendo eso: un movimiento con vocación totalitaria, abusivo y represor.
Para muestra, un botón: aún tutelados, persiguen, reprimen y tienen a cientos de venezolanos presos políticos en las cárceles.
Finalmente, Delcy habla de elecciones.
«Habrá elecciones en Venezuela», dijo.
Sin precisar fechas, sin hablar de un indispensable nuevo CNE y condicionando las elecciones al levantamiento de las sanciones.
Dijo que una elección no es una solución.
Miente.
En Venezuela, una elección libre sería la solución a 27 años de chavismo.
Toda verdadera transformación de nuestro país pasa por poner en Miraflores a un representante de la voluntad popular que piense en la gente, no en saquear a la nación sobre los cadáveres de nuestros muertos.
¿Quieren una elección competitiva y en igualdad de condiciones? Es lo que queremos todos.
Una elección donde todos los partidos se puedan postular, y no solo los que acepta el PSUV.
Una elección donde todos los candidatos puedan poner su nombre, y no solo los que acepta el chavismo.
Una elección donde todos puedan votar: los de adentro y los millones que el chavismo expulsó.
Una elección donde se pueda hacer política en la calle sin miedo a que la DGCIM te meta un tiro.
Una elección donde, en la noche de ese mismo domingo, anuncien algo sencillo: que el que sacó más votos ganó.
En fin, Delcy se tomó el trabajo de escribir un discurso breve donde repitió las mismas mentiras de siempre y donde lo más relevante, lo que confirma su situación actual de tutelaje, fue lo que no dijo.