AFECTOS Y DESAFECTOS COMO PROFESOR
Leo por aquí que uno de los objetivos del profesor es "lograr vínculos afectivos con el alumnado". Y no.
¿En qué profesión puedes establecer como objetivo que el profesional establezca vínculos de afecto por la gente con la que trabaja?: en ninguna.
Las emociones no se pueden profesionalizar. El afecto es una pasión, y no es posible pedir que sea propio de una profesión sentir ni afecto, ni odio, ni ira, ni nada en concreto hacia un alumno, un paciente en el médico o un herido en un accidente.
El afecto, como el resto de emociones, corresponde a las interioridades más profundas de una persona. No es posible convertirlo en un objetivo ni fin profesional.
Pretender que un profesor asuma como requisito de su profesión sentimientos positivos, sí o sí, hacia otros, alumnos o compañeros, es intentar programar a las personas y manipular a profesores y alumnos, tratándolos, precisamente, con poca profesionalidad y escaso respeto.
Porque además, casi por definición, es propio de cualquier profesión desarrollar el trabajo que le corresponde por encima de pasiones, sentimientos o estados de ánimos. Que afectan, sí, somos personas, pero hay que evitarlos en la medida de lo posible por la propia eficacia y ecuanimidad que exige cualquier oficio.
No es posible introducir el afecto como objetivo o fin de la docencia, porque entonces estaríamos hablando de una relación más propia de un evangelizador o un misionero, y acercándonos a la conversión del acto de enseñar a un hecho espiritual, místico o religioso.
En esto no consiste ni puede consistir ser profesor ni ninguna otra profesión. Es antiprofesional y además siempre falso: no puedes pedir a nadie, menos en el ejercicio de su oficio, que tenga un sentimiento determinado hacia nadie. Puedes exigir que lo simule, pero no que lo sienta sinceramente.
No podemos fundar la función docente sobre patochadas que no se pueden asumir racionalmente.
Ahora, si me preguntan a MÍ, como PERSONA que ejerce de profesor, si siento afecto por mis alumnos, pues diría que sí, ineviablemente, pero no es el mismo hacia unas personas que hacia otras, sean alumnos, profesores o personal no docente.
Hacia unos puedo tener un sentimiento positivo y hacia otros un sentimiento negativo. Lo que debo procurar es que no afecte a la eficacia de mi trabajo, que es enseñar.