🚦Chuyito 𝗹𝗹𝗲𝗴ó 𝗾𝘂𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗿𝘀𝗲 𝗮𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼.
Cuando entró a la empresa, era de esos que levantaban la mano para todo, proponía cosas, ayudaba a otros, se quedaba cuando había que sacar algo urgente y no tenía problema en meterse a resolver aunque no fuera exactamente su responsabilidad.
Quería crecer y se notaba.
Al principio todos hablaban bien de él, “tiene hambre”, “trae mucha actitud”, “va a llegar lejos”.
Pero con el tiempo empezó a que cuando resolvía más problemas, normalmente le daban más problemas, entendió que hacer un esfuerzo adicional no necesariamente significaba una oportunidad adicional.
Un día tomó una decisión sin pedir permiso, y recibió el clásico “¿por qué no preguntaste antes?”.
La siguiente vez que se enfrentó a una toma de decisión, preguntó, y la siguiente también, poco a poco dejó de proponer tanto, dejó de meterse y dejó de levantar la mano para todo. Nadie le daba respuesta al tiempo razonable porque no sabían resolverlo sus superiores.
No se volvió un mal empleado, al contrario, seguía llegando a su hora, cumplía con su trabajo y entregaba lo que le pedían, pero ya no era el mismo, que había entrado dos años antes.
Hasta que un día el dueño de la empresa comentó, “ Chuyito ya no tiene hambre”.
Y cada vez que veo algo así me hago la misma pregunta: ¿realmente se le acabó el hambre?
Claro que existen empleados cómodos, haciendo lo mínimo posible y no tienen ningún interés, más que seguir la corriente en conflictos, hablar zoquete, también he visto lo contrario, personas muy buenas que, después de suficiente tiempo en una organización, terminan entendiendo que dar el extra no necesariamente cambia nada.
Y entonces hacen algo perfectamente racional, dejan de dar un esfuerzo extra.
"El pobre Chuyito" 𝗻𝗼 𝗿𝗲𝗻𝘂𝗻𝗰𝗶ó 𝗮 𝗹𝗮 𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲𝘀𝗮, lo acribillo el sistema humano, lo despidieron.