Recibir un homenaje es difícil.
Recibirlo en tu tierra, donde mejor te conocen como persona, lo hace todavía más especial.
Recibirlo en vida es una suerte.
Y poder vivirlo con salud, rodeado de mi mujer, mis hijos, mis padres, hermanos, familiares, suegros, profesores, entrenadores, compañeros y vecinos; junto a mi club Aston Villa (Unai) y a mi anterior club Valencia CF (Braulio), es algo irrepetible. Casi un milagro.
Me cuesta encontrar las palabras adecuadas para expresar el enorme agradecimiento que siento hacia mi pueblo y su gente por haberme concedido la Medalla de la Ciudad de Llíria.
El reconocimiento institucional, la distinción concedida por el Ayuntamiento con el apoyo de todos los grupos políticos, supone para mí un inmenso honor y es algo que guardaré siempre como un tesoro. Gracias de corazón a toda la corporación municipal y a su alcalde, Paco Gorrea.
Pero los sentimientos y emociones… Lo que pude vivir fue precioso, puro y profundamente sincero. Y, por encima de todo, sentí una enorme gratitud hacia todas las personas que me han ayudado a lo largo del camino.
Cerca o lejos, he podido recorrer este camino gracias a la generosidad de muchísimas personas, de Llíria y de fuera —sería imposible nombrarlas a todas—; al sacrificio de mi familia — ❤️ Montiel, Roman y Gerard—; y a la responsabilidad y los valores que heredé de mis padres.
Gracias a todos.
¿Y ahora, qué? Queda todo por hacer.
El reto es seguir con esfuerzo y dar valor a los años que nos quedan por vivir. Este es un gran momento para mirar atrás con cariño y gratitud, pero sin olvidar que el tiempo más valioso de nuestras vidas es el que todavía tenemos por delante.
Y así vivir en consecuencia como homenaje a quienes nos ayudaron, a quienes siguen haciéndolo cada día con su sacrificio y a quienes ya no están.