El contraste del vello cobrizo contra esa polla gorda me vuelve loco.
Hay algo en las pollas de los pelirrojos que no se puede explicar con lógica. No es solo el contraste del vello cobrizo contra la piel pálida, ni el hecho de que suelten un chorro de leche casi transparente que parece más limpia de lo que debería. Es esa sensación de que te están metiendo algo que no debería existir en un cuerpo normal. Como si la naturaleza se hubiera pasado de rosca con el tamaño y luego se hubiera olvidado de ponerles freno.
Me ha pasado varias veces. Ves a un pelirrojo con cara de buen chaval, de esos que parecen haber salido de una serie de Netflix, y cuando se baja los pantalones te encuentras con un rabo que no cuadra. Grueso, pesado, con la cabeza rosada y casi obscena, rodeada de un vello naranja que parece de mentira. Y lo peor es que suelen follar como si no se enteraran del todo de lo que llevan entre las piernas. Cuando ven que no te rompes, se ponen a empujar como si les hubieran soltado. Esa brutalidad es lo que más me pone.
Lo irónico es que mucha gente se ríe de los pelirrojos. Que si no tienen alma, que si se queman con el sol, que si son raros. Mientras tanto, yo estoy de rodillas con la boca llena de una polla de pelirrojo que apenas me cabe, poniéndole brillo y pensando que si esto es no tener alma, que me quiten la mía también. Porque cuando te la clavan hasta el fondo y sientes cómo te late dentro, todas esas bromas se te olvidan. Solo queda tu ojal abierto y la necesidad de que no paren.
Al final, una polla de pelirrojo no es solo una polla. Es una contradicción andante. Algo que parece delicado por fuera y que por dentro te deja con la sensación de que te han usado bien. Nunca me cansaré de una polla de pelirrojo 😍