En 2021 ya estábamos creando un cuarto de millón de hogares nuevos cada año.
En 2021 ya empezaban los fondos NexGenEU y miles de millones de euros caídos del cielo.
En 2021 había margen parlamentario para unos Presupuestos dedicando más a vivienda, y para cambios legislativos que facilitasen su creación.
Cinco años. No dos días. Y, en ese tiempo:
→ Casi nada para eliminar trabas a la construcción, mientras seguimos acabando apenas 100.000 viviendas nuevas al año
→ Un parque de alquiler social clavado en 300.000 unidades
→ Un ritmo de vivienda protegida que sigue en una fracción de dónde estaba en los 90, cuando se creaban en orden de magnitud los mismos hogares
En su lugar: estímulos fiscales que probablemente han acabado en precios al no hacer flexible la oferta y cambios regulatorios que han desincentivado el alquiler de largo plazo, precisamente cuando tiene más demanda.
Ese, y no estos dos decretos o quién se los tumbe o se los sostenga, es para mí el legado en política de vivienda del gobierno.
Responsabilidad que comparte, claro, con comunidades autónomas y municipios de variado signo ideológico.
Todo lo que no se hizo cuando había tiempo, dinero y margen; y todo lo que se hizo y fue contraproducente.