CUANDO EL PERIODISMO PROSTITUYE LA VERDAD
El periodismo cayó en un abismo de falta de Moral y de Ética.
Operar dejó de ser una vergüenza y se convirtió en un método.
Es la prostitución de nuestra época: ya no se venden favores sexuales; se vende la información. Se informa como quiere quien paga, se oculta lo que incomoda, se exagera lo que conviene y, cuando hace falta, se engaña o directamente se miente.
La Ética y la Moral dejaron de ser los límites y el marco del periodismo.
Y lo más grave es que esa inmoralidad se ha naturalizado. Se ha vuelto parte del oficio para demasiados que alguna vez eligieron una profesión cuya misión era exactamente la contraria: la búsqueda de la verdad e informar a la Sociedad.
Son la manifestación más descarnada de la posverdad, que no es otra cosa que la mentira convertida en herramienta para moldear la percepción de la Sociedad.
Durante siglos, la prostitución sexual fue señalada como una de las expresiones más degradantes de la condición humana.
Hoy existe otra prostitución: la prostitución periodística.
Y tiene un agravante enorme: no vende el propio cuerpo.
Vende la verdad.
Y cuando se vende la verdad, se engaña a la Sociedad. Se fabrican relatos hasta fragmentar la realidad en universos paralelos y se los presenta como si fueran la realidad.
Es la creación deliberada de realidades paralelas destinadas a manipular a la Sociedad mediante el engaño y la utilización irresponsable y perversa del miedo y del odio. Universos fabricados para condicionar lo que la gente cree, teme, rechaza o espera, sin importar las consecuencias: frustración, ansiedad, tristeza, enfrentamiento y, quizás lo más grave, la pérdida de esperanza.
Porque cuando se utilizan deliberadamente el miedo y el odio para manipular la percepción de la realidad, ya no se está simplemente desinformando: se está jugando irresponsablemente con las emociones, las expectativas y la vida de toda una Sociedad.
Ese es el verdadero poder —y el enorme peligro— de la prostitución periodística:
no solamente mentir, sino fabricar la realidad con la que después se manipula a toda una Sociedad.
Y quizás allí esté la batalla más difícil que está librando Milei.
Por eso confronta, denuncia y desmiente. Rompe contra todo aquello que considera una operación destinada a deformar la realidad y, a su manera, intenta sacarles las caretas enfrentando el relato con la verdad, los datos y los hechos.
Podrán discutirse sus formas, su vehemencia o incluso sus excesos. Pero detrás de esa confrontación hay algo mucho más profundo.
Y eso es, para mí, lo más admirable de la gestión que está haciendo Milei.
Cuando habla del Bien y del Mal, cuando invoca a las Fuerzas del Cielo, cuando plantea una batalla cultural contra quienes durante décadas construyeron relatos para conservar poder, utiliza palabras que pueden parecer grandilocuentes si se las escucha aisladamente.
Pero adquieren otra dimensión cuando se comprende la magnitud de lo que él entiende que está en juego.
Porque no está hablando solamente de economía. Ni solamente de inflación, déficit, impuestos o reformas. Está planteando una batalla por algo anterior a todo eso: por la verdad frente a la mentira, por la libertad frente a la manipulación y por una Sociedad capaz de conocer la realidad para decidir por sí misma.
Ahí el Bien y el Mal dejan de ser simples figuras retóricas. Las Fuerzas del Cielo dejan de ser solamente una consigna. Y la batalla cultural deja de ser una discusión entre políticos.
Adquieren una lógica casi epopéyica porque, desde esa concepción, lo que se está disputando es muchísimo más grande que un gobierno o una elección.
Lo que se está jugando es el destino de la Argentina. 🇦🇷🩵🤍🩵🇦🇷
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