"Una vez en el poder... los policymakers populistas avanzan rápidamente en la implementación de ambiciosos programas destinados a redistribuir el ingreso, generar empleo y acelerar el crecimiento. Aunque cada episodio histórico de populismo presenta rasgos particulares, todavía es posible distinguir cuatro fases comunes a la gran mayoría de las experiencias.
Fase 1. En la primera fase, el diagnóstico y las prescripciones de los responsables de la política económica parecen plenamente confirmados: el producto, los salarios reales y el empleo crecen con fuerza, y las políticas macroeconómicas parecen un éxito rotundo. Los controles impiden que la inflación se convierta en un problema, mientras que las importaciones alivian la escasez. La reducción de existencias y la disponibilidad de bienes importados —financiados mediante la pérdida de reservas o la suspensión de pagos externos— permiten absorber la expansión de la demanda con escaso impacto sobre la inflación.
Fase 2. La economía comienza a encontrarse con cuellos de botella, en parte como consecuencia de la fuerte expansión de la demanda de bienes producidos internamente y en parte por la creciente escasez de divisas. Mientras que la reducción de existencias había sido un elemento esencial de la primera fase, sus bajos niveles y la necesidad de recomponerlas se convierten ahora en una fuente de problemas. Se vuelven necesarios los reajustes de precios y la devaluación, junto con controles cambiarios o medidas de protección. La inflación aumenta de manera significativa, aunque los salarios logran acompañarla. El déficit presupuestario se deteriora enormemente como consecuencia de los amplios subsidios a los bienes de consumo básico y al acceso a divisas...
Fase 3. La escasez generalizada, la aceleración extrema de la inflación y una evidente brecha de divisas provocan fuga de capitales y desmonetización de la economía. El déficit presupuestario se deteriora violentamente debido al fuerte derrumbe de la recaudación tributaria y al aumento del costo de los subsidios. El gobierno intenta estabilizar la economía mediante recortes de subsidios y una depreciación real. Los salarios reales caen de manera drástica y las políticas económicas se vuelven inestables. Resulta evidente que el gobierno se encuentra en una situación desesperada.
Fase 4. Un nuevo gobierno adopta una estabilización ortodoxa. Con frecuencia se pone en marcha un programa del FMI y, una vez terminado todo el proceso, el salario real habrá caído drásticamente hasta situarse en un nivel significativamente inferior al que tenía cuando comenzó el episodio. Además, esa caída tiende a ser muy persistente, porque las consecuencias políticas y económicas de la experiencia habrán deprimido la inversión y fomentado la fuga de capitales. La magnitud de la caída de los salarios reales responde a un hecho sencillo: el capital puede desplazarse a través de las fronteras, pero el trabajo no. El capital puede escapar de las malas políticas; el trabajo queda atrapado...
Al final del camino, resulta inevitable preguntarse si los policymakers, los dirigentes políticos y la población en general pueden internalizar los errores cometidos por los regímenes populistas del pasado y, de ese modo, evitar repetirlos en el futuro... De hecho, una de las regularidades más llamativas de estos episodios es la insistencia con la que los artífices de los programas populistas sostienen que sus circunstancias son únicas y que, por lo tanto, las lecciones históricas de otras naciones no se aplican a su caso".
Rudiger Dornbusch and Sebastian Edwards, "The Macroeconomics of Populism," in The Macroeconomics of Populism in Latin America, ed. Rudiger Dornbusch and Sebastian Edwards (Chicago: University of Chicago Press, 1991), 11–12.
En el corazón de los sectores populares sigue viva la convicción de que con el peronismo en la Argentina se vivía mejor.