Con ella no tenías que elegir si eras progre o católico, estábamos todos contenidos en un proyecto de una Argentina mejor, de un país diferente. Eso no puede ser pasado; es el único futuro posible
A Cristina la banca una pareja de Femboys y un señor religioso de La Matanza. En los dos casos, la clase no es tan distinta. Ese es el milagro de representación al que tantos somos leales. Es una fórmula a seguir, una solución superadora, entre tanta falsa antinomia