El trágico avionazo del Learjet 60 en Florida que extinguió a nueve personas, dejó de ser solo un tema de "mal clima" para convertirse en un posible caso de terquedad humana. Justin Crabbe, experto en aviación y en Learjets, desmenuzó los minutos finales del vuelo y apuntó directamente al error fatal de la tripulación: en lugar de sacarle la vuelta a la tormenta, LOS PILOTOS SE METIERON DE LLENO CON TAL DE LLEGAR RÁPIDO A LAS BAHAMAS.
Según Crabbe, los controladores aéreos ya les habían dado luz verde para desviarse y evitar el temporal, pero el piloto Jeff Gregory, de 55 años, y la joven copiloto Nathalia Filgueiras, de 20, sufrieron un episodio de lo que en la aviación llaman "get-there-itis" (fiebre por llegar). Esta condición psicológica ocurre cuando la obsesión por aterrizar en destino nubla el juicio y te hace ignorar las señales de peligro.
Cuando Nathalia advirtió a la torre que el avión se estaba congelando, la tripulación tomó la peor decisión posible: en lugar de bajar o desviarse, intentaron trepar por encima del temporal subiendo a 37,000 pies.
El hielo es el peor enemigo de un avión, pues altera la aerodinámica de las alas y destruye la sustentación. Crabbe asegura que al intentar subir de golpe con las alas congeladas, ahogaron los motores y mandaron el jet directo a una pérdida de sustentación irreversible.
Quedaron atrapados en una trampa donde cualquier movimiento los condenaba. Al final, la necedad de ahorrar unos minutos de vuelo hacia el Caribe terminó en un dantesco clavado de 7,700 metros en 62 segundos, desintegrando a la tripulación, al empresario texano Adam Robinson, a su familia, a sus amigos y a la niñera.
Bien dicen que más vale tarde que nunca.