Nos vendieron que era la mujer más buena del planeta. Nos dijeron que salvaba a los más pobres de la India. La realidad de sus refugios era una película de terror. Médicos y voluntarios que trabajaron en su 'Hogar del Moribundo' en Calcuta rompieron el silencio con los mismos testimonios: jeringas usadas que solo se enjuagaban con agua fría de la canilla antes de clavarse en el siguiente paciente. Personas con cáncer terminal retorciéndose en camastros de lona infestados de moscas sin un solo gramo de morfina ni aspirinas. Cuando los voluntarios le suplicaban comprar calmantes, su respuesta textual era: 'Estás sufriendo porque Jesús te está besando. Es hermoso ver a los pobres aceptar su suerte'. Pero cuando la que sintió dolor fue ella, el beso de Jesús ya no le pareció tan sagrado. En 1991, cuando su corazón empezó a fallar, no se quedó en un camastro de Calcuta bebiendo agua de la canilla. Tomó un vuelo de primera clase rumbo a La Jolla, California, internándose en el prestigioso Scripps Clinic and Research Foundation para recibir cirugías cardíacas de última generación y anestesia de primera categoría. Donaciones millonarias de dictadores como Jean-Claude Duvalier de Haití entraron a sus cuentas personales en el Banco del Vaticano. Mientras tanto, en Calcuta, los niños moribundos morían atados a las camas para que no se arrancaran las sondas sucias. No era caridad. Era un culto al sufrimiento ajeno financiado por el mundo entero.
Evidencia Base
Informe crítico 'Mother Teresa's Care for the Dying' publicado en The Lancet (1994) por el Dr. Robin Fox, y testimonio del Dr. Aroup Chatterjee en 'Mother Teresa: The Untold Story'.
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