Señora fiscal Luz Adriana Camargo @FiscsliaCol , ¿usted cuándo piensa renunciar? Porque Colombia necesita una Fiscalía, no un cementerio de expedientes con presupuesto público.
Nicolás Petro sigue en libertad mientras su proceso se prolonga. El escándalo de la UNGRD parece no tener fondo y Carlos Ramón González terminó prófugo en Nicaragua. ¡Qué belleza! Aquí lo buscaba la justicia y allá consiguió asilo. ¡Hasta turismo judicial tenemos!
En el magnicidio de Miguel Uribe Turbay seguimos esperando respuestas sobre las posibles omisiones de Augusto Rodríguez en su seguridad. ¿Qué pasó con las denuncias de Angie Rodríguez, las revelaciones de Eva Ferrer y las investigaciones relacionadas con Ricardo Roa?
¿Y nuestra célebre cabeza de brócoli, Isabel Zuleta? ¿En qué van las investigaciones sobre sus actuaciones alrededor de los diálogos con estructuras criminales de Medellín?
Tampoco podemos olvidar las denuncias relacionadas con la protección de la hija de Carrascal. ¿Qué hicieron las autoridades competentes? La seguridad de una menor no puede depender de su apellido ni de las simpatías políticas de nadie.
Pero espere, señora fiscal, que este velorio judicial todavía tiene dolientes.
La Fiscalía estadounidense menciona en su acusación contra Nicolás Maduro una presunta deuda del narcotráfico con las FARC y una reunión con Timochenko, Iván Márquez y Jesús Santrich. ¿Ya investigaron de oficio? ¿Pidieron cooperación judicial? ¿O esperamos a que los estadounidenses nos manden el expediente traducido, autenticado y con moñito?
Y ahora resulta que Verónica Alcocer continúa en la lista OFAC, existen denuncias sobre posibles irregularidades en la multimillonaria contratación de los aviones Gripen y se ha revelado una indagación reservada relacionada con presunto lavado de activos.
¡Más de 16 billones de pesos en aviones, señora Camargo! ¿Qué pasó con las copias remitidas a la Fiscalía para investigar la posible participación de Alcocer? ¿Qué actuaciones se han adelantado y cuáles son sus resultados?
Y no olvidemos a Laura Sarabia y a nuestro inolvidable Armandito Benedetti. Aquellos audios sobre la financiación de la campaña presidencial merecen algo más que titulares, escándalos y explicaciones políticas. ¿Qué se investigó? ¿Qué se estableció? ¿Qué sigue pendiente?
¡Qué cosa tan berraca! Aquí los escándalos viajan en avión, los investigados consiguen refugio internacional y los expedientes parecen desplazarse en procesión de Semana Santa, pero sin esperanza de resurrección.
Y antes de que aparezca algún iluminado a explicarme la presunción de inocencia, soy abogada y conozco perfectamente el debido proceso. Investigar no es condenar, pero tampoco investigar puede significar dejar que los expedientes envejezcan hasta convertirse en patrimonio histórico de la Nación.
El artículo 250 de la Constitución no está de adorno, señora fiscal.
La Fiscalía no puede ser un fortín político, ni dar la impresión de que la velocidad de la justicia depende de las amistades, los apellidos o la cercanía con el poder.
Señora Camargo, si no puede garantizar independencia, eficacia y resultados, renuncie. Y cualquier irregularidad atribuible a su gestión también debe investigarse.
Porque Colombia necesita una Fiscalía que esclarezca delitos, no una administradora de cuidados paliativos para expedientes políticamente incómodos.
¡A este paso, los procesos no van a necesitar fiscales sino arqueólogos!