Rusia lleva la guerra a la zona económica de la OTAN
El Mar Negro se convirtió en la madrugada del 6 de octubre de 2026 en el escenario del primer ataque directo contra buques mercantes dentro de la zona económica exclusiva de un país miembro de la OTAN.
Dos cargueros fueron alcanzados por drones. El primer ministro búlgaro, Rumen Radev, situó el ataque a unos 128 kilómetros de Byala; otras versiones oficiales hablan de unas 70 millas náuticas. En ambos casos, fuera del mar territorial y dentro de la zona económica exclusiva.
Uno se hundió; el otro quedó en llamas y su gente debió ser evacuada de emergencia. Bulgaria calificó lo ocurrido como una violación flagrante del derecho internacional, la Unión Europea habló de un hecho “inaceptable” y la OTAN optó la cautela otra vez, mientras Moscú esquivó la responsabilidad. La gravedad del episodio no reside solo en los daños materiales: es la primera vez que la guerra en Ucrania golpea directamente la seguridad marítima de un Estado aliado en el Mar Negro.
El incidente comenzó a las 03:00 hora local, cuando el Alfa Watan, un buque de carga general de unas 25.000 toneladas y bandera de Togo navegaba hacia el norte con destino a Sulina, Rumanía. A pocas millas de distancia, el “Able”, otro carguero de similares dimensiones y bandera de Palaos avanzaba hacia el sur transportando trigo. Ambos fueron sorprendidos por una combinación de drones marítimos y aéreos. El “Alfa Watan” recibió impactos estructurales críticos y se hundió en el lugar del ataque. Su cargamento es desconocido y no hubo rastro inmediato de su tripulación. El “Able”, en tanto, fue alcanzado y comenzó a arder, lo que obligó a sus 18 tripulantes a abandonar la embarcación.
La operación de rescate se activó de inmediato. El ferri búlgaro “Dioscuria” fue el primero en llegar a la zona después de que su tripulación presenciara la explosión en el “Alfa Watan” y se dirigiera al lugar para asistir. Allí recogió a los ocupantes del “Able”: 11 ciudadanos turcos y 7 indios. Dos de ellos resultaron gravemente heridos -uno con quemaduras y otro con un golpe en la cabeza- y fueron trasladados en un bote rápido de la Armada búlgara a un hospital en la ciudad portuaria de Varna. Los otros 16 fueron puestos a salvo en una operación coordinada por el Centro de Coordinación de Rescate Marítimo en Varna. Los equipos solo encontraron un bote salvavidas volcado, tres balsas y chalecos salvavidas. Ningún tripulante. La incertidumbre sobre su destino sigue abierta.
Radev convocó una reunión de emergencia con los servicios de seguridad y condenó el ataque con dureza. “Un ataque así dentro de la zona económica exclusiva de Bulgaria es absolutamente inaceptable”, declaró. Lo calificó como una violación flagrante del derecho internacional y marítimo y luego advirtió que el conflicto “está expandiendo su alcance geográfico y aumentando el riesgo de un conflicto global”.
Informó que ya había notificado al Consejo de la Unión Europea y a la OTAN, aunque descartó activar los artículos 4 y 5 del Tratado del Atlántico Norte porque la zona atacada, si bien está dentro de la ZEE búlgara, no constituye aguas territoriales. “Como Estado responsable dentro de nuestra zona económica exclusiva de la salud y la vida de cualquiera que navegue en esta área, independientemente de quién sea el responsable, estamos obligados a realizar operaciones de búsqueda y rescate de emergencia”, agregó.
Varios partidos búlgaros, entre ellos GERB-SDS, reclamaron la convocatoria del Consejo Consultivo de Seguridad Nacional y la activación de los mecanismos de la OTAN. La mayoría coincide en que se trata de una agresión rusa.
La mirada hacia Rusia tiene motivos: drones aéreos y marítimos, cargamentos de grano y la misma noche en que el Ministerio de Defensa ruso anunció golpes contra puertos ucranianos del Mar Negro. Radev dijo más tarde que el origen no estaba cerrado y que los aparatos eran “claramente rusos o ucranianos”. La hipótesis ucraniana es la débil. Kiev no hunde cargueros de bandera de conveniencia en la zona económica de un aliado.
Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que “los ataques contra buques civiles son inaceptables”. “Buques comerciales -y tripulaciones inocentes- están siendo atacados, con vidas ya perdidas en el mar”, escribió en redes sociales, pero no anunció ninguna media concreta.
Tampoco hay registro público de que el presidente Donald Trump ni ninguno de sus funcionarios de alto rango -secretario de Estado, secretario de Defensa o portavoces de la Casa Blanca- haya emitido una declaración específica, condena o comentario público sobre el ataque
Rusia, por su parte, no comentó específicamente el ataque frente a Bulgaria. Su Ministerio de Defensa anunció que sus fuerzas lanzaron durante la noche ataques contra múltiples objetivos en puertos ucranianos del Mar Negro, mientras que el Ministerio de Asuntos Exteriores acusó a Occidente de silenciar los daños causados al Mar Negro por los ataques ucranianos.
El episodio no fue un hecho aislado. El 5 de octubre de 2026, alrededor de las 11:00 hora local, el Centro Coordinador de Salvamento Marítimo de Constanza, en Rumanía, recibió una alerta: había un incendio a bordo de un buque mercante en la zona económica exclusiva rumana, a unas 30 millas náuticas, unos 50 kilómetros, al sur de la ciudad de Sfântul Gheorghe.
El barco era el Royad Mammadov, un carguero de 139 metros de eslora construido en 2006, de propiedad turca y operado por la compañía Spring Marine con sede en Estambul, pero que navegaba bajo bandera de San Cristóbal y Nieves. Había zarpado del puerto ucraniano de Izmail, en la desembocadura del Danubio, el 18 de septiembre, y tenía como destino el puerto italiano de Rávena, transportando una carga de maíz.
El ataque, según el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, fue ejecutado por “dos drones rusos” contra un buque civil en aguas neutrales. Rumanía informó de dos muertos y once rescatados, tres de ellos heridos. Azerbaiyán identificó al capitán Rustam Ismayil oghlu Hasanov, nacido en 1974, como fallecido, y dio por desaparecido a Mahammad Suleymanzade, nacido en 2002. Bucarest confirmó el incendio y las víctimas; no el origen.
La secuencia de ambos ataques dibuja un patrón: buques mercantes, cargamentos agrícolas, drones y una zona, el Mar Negro, donde la guerra parece correr los límites de lo tolerable para la OTAN hacia la La ZEE búlgara en el Mar Negro. Se supone que es una zona de navegación segura protegida por la alianza occidental.
Hasta ahora, ningún ataque había alcanzado a embarcaciones civiles dentro de ese perímetro. Lo ocurrido esta madrugada cambia esa realidad y deja una pregunta abierta: si el conflicto ya golpea la zona económica exclusiva de un miembro de la Alianza ¿dónde queda la línea roja que le traza occidente a Putin?