La idea del humano como ser racional capaz de discernir por una suerte de intuición lógica natural lo correcto de lo incorrecto, lo bueno de lo malo, es en sí una pseudocreencia peligrosa. Entender cómo se forman los repertorios de pseudocreencias es vital..., y corregirlos.
Las pseudoexplicaciones de los fenómenos del mundo (llamémoslas pseudocreencias) de tipo religioso-espiritual, supersticioso*, etc., son —aunque la diferencia exista en un aspecto gradual— tan peligrosas como las pseudoterapias, y como tales deben ser legisladas y punidas.