El Espejo de Nepal: ¿Estamos Esperando Nuestra Propia Tragedia en el Alto Valle?
Las recientes e impactantes imágenes de los aludes e inundaciones en Nepal nos estrujan el corazón, pero también deberían encender todas nuestras alarmas. Ver ciudades bajo el agua y contar las pérdidas humanas por cientos nos parece una realidad lejana, propia de geografías extremas. Sin embargo, los habitantes de Neuquén y Río Negro vivimos con una espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas, y la hemos normalizado.
No necesitamos mirar a Asia para entender el riesgo; basta con hacer memoria. La noche del 12 de julio de 2006, el corazón productivo de la Patagonia estuvo a dos centímetros de una catástrofe sin precedentes. El sistema del Complejo Cerros Colorados operó al límite absoluto de su capacidad cuando una crecida extraordinaria del río Neuquén amenazó con sobrepasar el dique Portezuelo Grande. Si esa muralla cedía, el efecto dominó habría borrado del mapa chacras, locaciones petroleras y ciudades enteras del Alto Valle.
Sobrevivimos por azar. El caudal bajó en la madrugada y el susto pasó, pero el peligro quedó intacto.
Hoy, frente a un cambio climático que hace que los eventos meteorológicos extremos sean la nueva norma, seguir apostando a la "suerte" es, cuanto menos, una negligencia imperdonable. Las advertencias de la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC) y los expertos son claras: el sistema actual podría no resistir una crecida superior.
Lo más frustrante de esta situación es la desidia institucional. No faltan diagnósticos ni herramientas legales, sobra inacción:
La Justicia ya habló: Existe un fallo ratificado por la Corte Suprema de Justicia que obliga al Estado Nacional a ampliar la capacidad de Portezuelo Grande para resistir crecidas de hasta 14.520 m3/seg.
Las obras están diseñadas:Desde 2018, las represas de Chihuido I y II cuentan con declaración de Interés Nacional por parte del Congreso. Sin embargo, duermen en un cajón a la espera de "voluntad política" y financiamiento.
Es hora de despertar.
A los gobernantes, locales, provinciales y nacionales: la prevención hídrica no es un gasto que se pueda recortar, es la garantía de supervivencia de nuestra gente y nuestra economía. No esperen a tener que gestionar una tragedia anunciada para buscar responsables.
A la comunidad: la memoria es nuestra principal herramienta de defensa. No podemos permitir que el silencio gane esta pulseada. Universidades, cámaras productivas, sindicatos y vecinos debemos exigir que las obras de mitigación vuelvan a ser la prioridad número uno en la agenda pública.
Lo ocurrido en Nepal es un doloroso recordatorio de que con la naturaleza no se negocia. En el Alto Valle, el aviso ya nos fue dado en 2006. ¿Vamos a actuar ahora, o vamos a seguir esperando a que en una tragedia el agua nos tape?