Tanto hablar de política de las emociones y de relato barato y, de repente, se dan cuenta de que con un sistema político-institucional y un sector público que se caen a pedazos y causan muchísimo daño, el país no saldrá nunca adelante.
En efecto, en campaña no se trata(ba) de eso
Es espeluznante lo que está pasando en España con sus infraestructuras. No solo se han producido dos accidentes mortales en el mismo año en Alta Velocidad. La realidad es que los Cercanías/Rodalies funcionan tampoco ya en este país. El problema es que no hay un servicio público que se salve de la sensación de ir a peor –educación (PISA), sanidad...–. ¿Se está hablando de esto en la precampaña electoral? ¿Se propone cómo mejorar la gestión o la inversión? No. No se quieren debates de fondo, se quieren culpables, lemas, consignas, podcasts, realidad virtual. No se quiere fiscalización política, sino agrupar a la gente en bandos para evitar asumir nunca ninguna responsabilidad. La precampaña electoral daba auténtica vergüenza ajena hasta que hoy nos ha golpeado el más grande horror.