Estoy contento con el resultado, pero no puedo ocultar también una profunda decepción.
Santiago Peña tenía todo para hacer un buen gobierno, consolidar los avances económicos y llevar al Paraguay a otro nivel. Tenía una oportunidad histórica, pero decidió desviarse del camino.
Defendí sus aciertos porque creí en el potencial de su gobierno. Y precisamente por esa misma convicción, hoy considero necesario exigir que pague por sus crímenes. Debe ir a la cárce! y deberá responder con sus bienes.
Celebro que Paraguay arregle una crisis política de esta magnitud por el camino institucional y en tiempo récord. El verdadero desafío comienza ahora porque hay que recuperar la confianza, fortalecer la independencia de las instituciones, reformas profundas que impidan que intereses particulares vuelvan a comprometer el interés general. Mucho cuidado con el populismo. Mucho cuidado con Horacio Cartes, que es el ganador temporal de esta batalla.