Se junta la Marcha del Orgullo con la visita del Papa y es imposible no acordarse de Francisco: “Toda persona es hijo de Dios, toda. Dios no rechaza a nadie, él es Padre y yo no tengo ningún derecho de echar a nadie de la Iglesia. Mi deber es recibir siempre. La Iglesia no le puede cerrar las puertas a ninguna persona. Si me preguntas ¿Qué pienso de los religiosos que usan a la Biblia para excluir y fomentar discursos de odio? Que esa gente son infiltrados, que aprovechan el escudo de la Iglesia para sus pasiones personales y para su estrechez personal. Es una de las grandes corrupciones de la Iglesia, esas ideologías cerradas, que en el fondo reflejan que esa gente tiene un drama de incoherencia interna, que viven para condenar a los demás porque no saben pedir perdón por sus propias faltas. Se liberan condenando a los otros. Pero el día que la Iglesia pierda su universalidad con todos adentro, deja de ser iglesia”.