Te fuiste de gira, Luis. Y cuesta escribirlo así, como si de verdad te hubieras ido.
Vos no fingías nada. Vivías como pensabas. No especulabas con la verdad, no pedías permiso para decir lo que creías. Y cuando había que poner el cuerpo, lo ponías. Sin cálculo. Sin mirar para otro lado.
En este país, donde la palabra “República” muchas veces se usa como disfraz, vos la usabas con convicción. No la declamabas: la ejercías. Y sabías el costo.
Tenías esa voz inconfundible, sí. Pero más que la voz, tenías algo que hoy escasea: coherencia. De la incómoda. De la que no se acomoda para quedar bien. De la que no negocia.
No fuiste neutral. Y menos mal. Porque los tibios no dejan nada. Y vos no pasaste desapercibido.
Hoy no duele solo que se haya ido un actor enorme. Duele que te vayas vos. Un tipo que entendía que el arte también es una forma de plantarse frente al poder. Y no arrodillarse.
Queda tu obra. Pero sobre todo queda el ejemplo. Ese que incomoda. Ese que obliga. Ese que te pone frente al espejo.
Porque en un país que vive mirando para otro lado, vos elegiste mirar de frente.
Gracias por todo, Luis Brandoni