En este punto afirmar que las inundaciones no son responsabilidad de la administración municipal es directamente un insulto a la ciudad.
¿SABEN POR QUÉ QUITO SE CONVIERTE EN VENECIA CADA VEZ QUE LLUEVE?
Porque llevamos décadas construyendo una ciudad en la que el agua tiene cada vez menos lugares por donde entrar al suelo.
Pavimentamos calles, veredas, patios, estacionamientos y hasta los jardines. Cubrimos superficies que antes absorbían parte de la lluvia y luego esperamos que las alcantarillas resuelvan todo lo que cae del cielo.
Hay un detalle interesante: Quito tiene desde julio de 2023 una Ordenanza de Infraestructura Verde-Azul, la 060-2023. Su artículo 44 contempla pavimentos permeables, jardines de lluvia, zanjas de infiltración y otros sistemas para gestionar el agua donde cae.
La propia ordenanza reconoce la impermeabilización agresiva del suelo como parte del problema. Y fue promovida, precisamente, a raíz de una sentencia constitucional por los daños en la cuenca del río Monjas.
Por supuesto que necesitamos colectores, mantenimiento de sumideros y obras de drenaje. Quito tiene pendientes fuertes y aguaceros capaces de desbordar cualquier previsión ordinaria. Pero seguimos teniendo pendiente una discusión sobre la cantidad de suelo que impermeabilizamos cada vez que construimos.
La próxima vez que vean una calle convertida en río, miren también las superficies que la rodean.
Tenemos una ordenanza verde-azul. Sería interesante saber cuántos metros cuadrados de suelo permeable ha recuperado Quito desde que entró en vigencia.
Esa cifra explicaría bastante más que otra fotografía de una alcantarilla desbordada.