El régimen cubano llegó al poder en 1959 con un país funcional donde las fuerzas productivas estaban bien establecidas. Cuba era líder en algunas industrias y lo había sido durante mucho tiempo, incluso por encima de Iberoamérica y otros países desarrollados.
Eso no se discute. Ahí están los datos, aportados por las agencias de la ONU antes de la fiebre woke y la diarrea socialista de la izquierda.
¿Había pobreza? Sí. Hoy, en 2026, hay más.
¿El campo tenía atraso? Sí, en varios focos. Hoy, en 2026, el campo parece la aldea del indio Hatuey racionalizada por el Comité de Distribución de Yuca Taína.
¿Emigraban los cubanos? No, nunca en los números que llegaron desde el mismo 59 y jamás fue Cuba un centro emisor de emigrantes sino un centro receptor desde Asia y Europa.
¿Había clases sociales? Sí, claro, como en todas las sociedades, y no se iba por ahí dando discursos baratos de igualdad, solidaridad, altruismo y justicia social. Había que trabajar y ganarse el pan. Hoy, en 2026, sigue habiendo discriminación, segregación, pobreza extrema, gente que no conoce la carne de res o la leche y el helado, y encima de eso tiene que soportar la muela de que viven en el país más justo del mundo.
El régimen sabe que en 1959 había propiedad privada.
La eliminó.
Luego la volvió a permitir.
La prohibió al máximo.
Luego aflojó otro poquito.
Y volvió a permitirla.
Eso no es culpa de los Estados Unidos. El único que ha impedido el desarrollo de Cuba es el régimen que lo controla todo.