«Los compré por si hacían falta. El viernes estaba nublado y no sabíamos qué luz tendría el gimnasio. Si el sábado hubiera llovido, te habrías alegrado de tenerlos. Es un gasto del trabajo».
Le contesté que nunca habíamos hablado de focos y que, si eran para los dos, podía habérmelo dicho antes de comprarlos.
En una cosa llevaba razón: yo no pregunté qué plan B teníamos, y él sí lo pensó. Pagó 180 € de su bolsillo para cubrirlo.
Gaspar sacó la cartera para guardar el ticket y se le cayó otro papel. Un niño que viajaba con su madre lo recogió y lo leyó en voz alta: «Devolución. 180,00 €». Era del lunes siguiente a la grabación.
Gaspar había devuelto los focos dos días después de grabar. Ya tenía los 180 € de vuelta.
No dijo nada. Se bajó en su parada con los dos papeles en la mano.
Esa tarde le envié 10 € por transferencia, con el concepto «Café y plan B».
Él me devolvió los 10 € con otro concepto: «Los focos no existieron».
¿Tú le habrías pagado los 90 € o habrías pedido ver todos los tickets desde el principio?