«Simplemente para que le digas a Maite que estoy vivo, que la quiero, que quiero a los niños». La frase la escuchó de un superviviente que hablaba por teléfono Antonio García Condado, un farmacéutico jubilado de Urda que se presentó en el lugar del accidente al poco de suceder. Dice Antonio que no sabe si el hombre habrá sobrevivido.
Pero a uno no deja de emocionarle que, cuando la vida lo reduce todo a cuestiones muy básicas, la urgencia del moribundo es comunicar su amor por los suyos. Siempre es así. Me muero, pero quiero que sepáis que os quiero, que siempre os he querido.