@CentroMemoriaH el recorte que ustedes publican está bastante borroso y dificulta la lectura literal. Sin embargo, hoy existen herramientas tecnológicas de lectura y cotejo que permiten reconstruir el texto con mayor nitidez. Invito a los internautas interesados a consultar directamente la fuente en el Archivo Virtual de los Derechos Humanos del CNMH, Bogotá, CORFOCOM COLOMBIA, referencia Co.18001000.00010.01-00-00-01-00-000-0000-00011, y a verificar por sí mismos el contenido para tener la historia completa mientras estos archivos permanecen de acceso público.
Gracias por traer este documento a la conversación pública. Esto es hacer memoria en serio.
Tienen ustedes toda la razón: la historia no necesita adjetivos cuando el victimario firma la amenaza. Por eso mismo, este archivo debería estar en el Museo, al lado de la imagen de Pizarro. No para anularlo, sino para completarlo. La memoria curada a medias es sesgo de confirmación.
Lo digo desde un lugar muy personal: nací en 1979, el mismo año en que capturaron a Carlos Pizarro Leongómez el 14 de septiembre en Santander. No viví esa historia ni la estudié como historiadora. Solo accedo a archivos públicos como el que hoy ustedes publican y que me permiten entender, como demócrata, que me guste o no, esta etapa es parte de la historia del país.
Esta es la otra cara que hay que narrar junto a la historia posterior: Pizarro estuvo 3 años en La Picota, fue juzgado en Consejo Verbal de Guerra con más de 150 militantes del M-19 y salió por la Ley 35 de Amnistía de 1982 de Belisario Betancur. En 1986 asumió como máximo comandante, el 8 de marzo de 1990 firmó en Santo Domingo la dejación de armas con Virgilio Barco y transitó a la política legal en la AD M-19 hasta su asesinato el 26 de abril de 1990. Ese tránsito de armas a política es un hito. Reconocerlo no es aplaudirlo.
Sé que fue doloroso y que parte de la historia incluyó criminalidad, sin embargo no fue lo único. Hay más. Por eso su memoria y sus acciones, para bien o para mal, son parte de la historia.
Sigan publicando el archivo íntegro. Esa es la memoria epistémica que defiende la Constitución del 91.