El holocausto no existió.
La AMIA fue un autoatentado.
El 7/10 fue una puesta en escena de Israel.
Lo de FlyDubai, obviamente, lo orquestó el Mossad.
Realmente es fascinante hasta dónde puede llegar el odio cuando se combina con una teoría conspirativa y se divorcia definitivamente de la lógica.
Según estos iluminados, los judíos no solamente controlamos bancos, medios, gobiernos, Hollywood, el clima y probablemente el precio del aguacate.
También nos organizamos nuestras propias persecuciones, atentados, masacres y tragedias.
Somos víctimas y victimarios al mismo tiempo.
Una eficiencia admirable.
Si nos atacan: lo organizamos nosotros.
Si nos matan: lo planeamos nosotros.
Si sobrevivimos: sospechoso.
Si nos defendemos: confirmación definitiva de la conspiración.
Es un sistema intelectual maravilloso porque tiene una ventaja enorme: no necesita pruebas.
De hecho, cuanto menos pruebas hay, más grande debe ser la conspiración que las hizo desaparecer.
Y lo dicen muy serios. Sin ponerse colorados. Sin que en ningún momento aparezca esa incómoda vocecita interior preguntando:
“… ¿y si estoy diciendo una estupidez monumental?”
Por suerte, fuera de ese pequeño universo conspiranoico, la realidad sigue teniendo la mala costumbre de exigir hechos y evidencias.
Bueno, los dejo.
Tengo reunión con el Mossad.
Tenemos que organizar nuestro próximo autoatentado, manipular tres gobiernos, controlar el clima y subir el precio del aguacate.
Todo antes del almuerzo.
Ser judío está agotador últimamente.
Daniel Kurganoff