Uno mira los comentarios y hay un trasfondo ético, sociológico y hasta estético que preocupa; sobretodo en una sociedad tan desigual e injusta como la colombiana
¿En qué momento la exhibición de la opulencia, la extravagancia y la ostentacion dejan de incomodar, para producir admiración y deseo de imitación?
¿Por qué la gente admira, defiende y aspira a esto?
Así fue la exclusiva y multimillonaria fiesta de 15 de la hija del presidente de la Cámara,
@NicolasBarguil: convirtió el Club Montería en una réplica del metro de Nueva York y, de sorpresa, les regaló a los invitados bolsas de Sephora.