Hay algo profundamente equivocado en la manera como el Deportivo Independiente Medellín entiende las comunicaciones.
Una jefatura de prensa debería abrir puertas, tender puentes, multiplicar voces y convertir a los medios en aliados. En el DIM pareciera estar ocurriendo exactamente lo contrario: cada vez aparecen más puertas cerradas, más ventanas clausuradas y más medios incómodos porque alguna vez hicieron una crítica.
Ya ha sucedido con medios locales. Ahora se habla de restricciones con Caracol Radio porque, según se comenta, allí también “hablaron mal” del club.
Si la política institucional es conceder entrevistas únicamente a quienes hablan bien del DIM, eso no es comunicación corporativa: es una burbuja informativa.
Y si además se pretende decidir quién merece acceso dependiendo de la opinión que tenga sobre la institución, estamos ante una concepción profundamente equivocada del periodismo, de la comunicación y hasta del fútbol.
Un club grande no necesita que todos los periodistas lo aplaudan. Necesita que todos puedan hablar de él.
La crítica no debería cerrar puertas. Debería provocar respuestas.
El DIM tiene que revisarse internamente. Porque cuando la jefatura de prensa termina administrando las ventanas en lugar de abrirlas, el problema ya no está afuera.
Algo está pasando adentro.
Y sería bueno que alguien, por fin, se atreva a preguntarse qué.