Hace un mes comí con el dueño de una empresa de reformas. Llegó al restaurante en un Audi Q8 impecable. Pidió un chuletón de 90 pavos y un vino que no sabía ni pronunciar. Se pasó toda la comida dándome lecciones de liderazgo.
Llegan los postres. Le suena el móvil. Es su administrativa.
Se levanta de la mesa, pero le escucho desde la silla:
—¿Cómo que no hay liquidez? Pues retrasa las nóminas al día 5, diles a los operarios que el banco nos ha retenido una transferencia. Invéntate algo.
Se sentó y siguió comiéndose el postre como si nada.
No eres un empresario de éxito. Eres un fantasma que financia su tren de vida con la ansiedad de sus empleados.
Hay demasiados mediocres jugando a ser ricos con el dinero que debería estar en la caja de seguridad de su empresa. Si no puedes pagar las nóminas el día 30, vende el coche.