La “tasa de usura” en Colombia tiene buenas intenciones, pero termina perjudicando precisamente a quienes busca proteger. La explicación es contraintuitiva. Prestar tiene riesgo de impago. Si una persona tiene poco historial crediticio, es más difícil evaluar ese riesgo. Cuando la tasa máxima permitida no alcanza para cubrirlo, el banco simplemente niega el préstamo.
El resultado para esa persona no es crédito más barato: es quedarse sin crédito. Y sin alternativas formales, termina en el “gota a gota”, pagando muchísimo más y exponiéndose a amenazas y violencia. El informe de ANIF y Colombia Fintech de 2025 cita que más del 65% de los adultos en Colombia no tenían crédito formal. Y estima tasas anuales promedio del “gota a gota” de alrededor del 382% para personas y del 666% para mipymes.
Esa es la paradoja: un límite diseñado para proteger al consumidor termina cerrándole la puerta del crédito formal y lo deja expuesto a préstamos mucho más caros.
¿Cual es la solución? Eliminar el tope de intereses Y aumentar la competencia, exigir transparencia en los costos y mantener una protección firme contra los abusos. Quitar el tope, por sí solo, no basta. Gracias a desarrollos tecnológicos, Colombia tiene una gran oportunidad para impulsar esa competencia:
• Bre-B puede facilitar que entidades digitales como Nu compitan con los grandes bancos sin necesitar una red de sucursales. Esto significa que pueden venir muchos mas competidores al sistema. Que gane el mejor!
• Los pagos digitales dejan un historial que, con autorización del cliente, ayude a evaluar a personas y negocios que antes eran invisibles para el crédito formal.
• El "Open Finance" permite que cada persona comparta su información con otras entidades para conseguir mejores ofertas.
¿Quién perdería con más alternativas formales? El “gota a gota”.
La “tasa de usura” no ha funcionado en ningún país del mundo, y tampoco ha funcionado en otras industrias donde el gobierno decide por decreto “el precio justo”. Desde las políticas de alquiler de apartamentos en Nueva York o Buenos Aires, que dejaron miles de personas fuera de sus apartamentos y, al mismo tiempo, miles de apartamentos vacíos, hasta la decisión de Venezuela hace décadas de fijar los precios de los alimentos en los supermercados, que dejó los estantes vacíos. A pesar de ser contraintuitivo, el libre mercado es muchísimo mejor para encontrar el precio adecuado de un producto que una política de gobierno.