En Úbeda, la vinculación con San Juan de la Cruz adquiere una dimensión histórica y artística muy profunda, ya que fue en esta ciudad renacentista (en el Convento de San Miguel de los Carmelitas Descalzos) donde el místico pasó sus últimos días y falleció en 1591.
El Oratorio y Museo de San Juan de la Cruz (que forma parte de dicho complejo conventual) guarda una relación directa con el desarrollo de los retablos y la policromía barroca.
Aunque San Juan de la Cruz predicó la absoluta austeridad material, el fervor post-mortem y, muy especialmente, su canonización en 1726, transformaron el templo de Úbeda.
El convento se estructuró como el primer templo del mundo dedicado a su culto.
Para celebrar su santidad, el interior experimentó una gran renovación ornamental de estilo barroco y rococó.
El templo cuenta con un destacado retablo barroco presidido por la efigie del místico.
En este retablo, la carpintería de madera dorada (pan de oro) y estofada actúa como un marco de esplendor celestial. Frente a este fondo de oro y brillos, la policromía de la escultura principal de San Juan de la Cruz busca la cercanía devocional y el realismo.
Los maestros policromadores recalcaron mediante las encarnaduras la palidez y el rostro demacrado del santo, reflejando su sufrimiento físico y su éxtasis espiritual en el momento de la muerte, contrastando deliberadamente con la riqueza circundante del altar.
Dentro del complejo ubetense se conserva el espacio de la crujía conventual donde falleció el fraile (convertido en capilla u oratorio).
La evolución de este espacio refleja cómo la plástica decorativa de los siglos XVII y XVIII tapizó los muros con retablillos, pinturas y elementos policromados para custodiar reliquias, convirtiendo la sobriedad inicial del carmelita en un centro de peregrinación artística del barroco andaluz.
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