Marilyn Monroe, criada cristiana, se convirtió al judaísmo el mismo día de su boda judía con su tercer y último esposo, el guionista judío, Arthur Miller. Tanto Miller como su rabino Robert Goldburg (el mismo que los casó) guiaron a la inestable actriz de 30 años hacia el judaísmo. Su matrimonio fue turbulento; Monroe terminó solicitando el divorcio en México en 1961 (por ser más económico). Un año después, fue hallada muerta a causa de una sobredosis (bajos circunstancias sospechosas). Ni Miller ni el rabino asistieron a su funeral; su exmarido lo organizó y un ministro cristiano lo ofició.
Sydney Sweeney, criada cristiana, ahora se encuentra en una relación seria con el mánager y empresario musical judío, Scooter Braun (el que "descubrió" a Justin Bieber). Recientemente, se les vio asistir a una sinagoga en Greenwich (Connecticut) para celebrar Rosh Hashaná. Hay rumores de que Sweeney está considerando seriamente convertirse al judaísmo para casarse con Braun.
¿Por qué la comparación? Sencillo: no se trata de casos aislados, sino de un patrón recurrente en el mundo de los negocios, la farándula y la política. ¿Quieres poder y fama? Besa la mano judía.
Pero todo tiene un precio, especialmente tu alma: lo que comienza con apostasía, termina con muerte.
Querida Sydney, por favor, si este mensaje te llega: tu alma vale infinitamente más que cualquier cosa que la hegemonía judía pueda ofrecerte en este mundo.