Diré algo quizá impopular, pero penalistas como Abelardo de la Espriella e Iván Cancino probablemente estarán de acuerdo: será muy difícil que alguien quiera confesar y colaborar a fondo con investigaciones penales de impacto, como robos al erario o crímenes atroces; y pagar cárcel, asumir graves riesgos para su vida y su familia por hacer de "sapos" y testificar contra más poderosos que él, si al final lo van a tratar de esta manera.
Sí, cometieron graves delitos, pero nuestro sistema penal ha establecido que haya beneficios para quienes deciden confesar y colaborar. Sin eso, difícilmente se podría golpear a estructuras criminales, atacar a los grandes jefes y capos, y llevarlos ante la justicia.
Como política criminal, es válido este trato para quienes no confiesan ni colaboran, o hacen parte de super fenómenos de violencia como las maras en El Salvador. Pero frente a la corrupción colombiana, es un pésimo mensaje.