No me gusta hablar de mí mismo ni de mi persona. Pero un superior mío me decía que a veces hay que hacerlo si la experiencia personal puede ayudar a otros para acercarse a Dios. Espero que ese sea el caso ahora, ya que hablar de uno mismo, si no es por el bien de las almas, no tiene ningún sentido.
Dicho todo esto, les comento que ayer me encontré con una mujer joven que me conocía por este medio (Twitter). Esta persona se acercó muy tímidamente y con algo de miedo (eso fue lo que noté al inicio, pero no me di cuenta de que el miedo era hacia mi persona). La recibí en mi oficina luego de la Misa y conversamos un poco tomando un café.
Durante la conversación se fue relajando y luego noté que ya estaba muy cómoda en la charla. Al final me dice: “Padre, usted es muy distinto personalmente que como lo vemos en Twitter”. Yo me quedé un poco pensativo y le pregunté sonriendo: “¿Qué quieres decir? Aclárame este punto…”. La chica me dice: “Usted se muestra muy humano y paternal en el trato cara a cara, pero por Twitter se muestra como más agresivo. Yo nunca lo juzgué, pero algunas de sus respuestas no me gustan no por lo que dice sino por cómo lo dice”. A lo cual le contesté: “Puede que mis modos no sean siempre los mejores. Reconozco que me equivoco y que lo hago con mucha frecuencia. Pero te voy a dar un ejemplo: si una persona se acerca a ti con una flor de regalo, esa persona te ama y quiere caerte bien. En cambio, si una persona se acerca a ti con un cuchillo e insultándote, más vale que hagas algo… porque esa persona te odia y no te hará del bien. ¿Cómo reaccionarías tú a una persona que se te acerca con un arma y diciendo todo tipo de improperios hacia tu persona?”. Ella replica: “Probablemente salga corriendo y llame a la policía”. “Exactamente” — le remarco — “es así como debes reaccionar. No es que tengas algo contra el asesino, sino que debes defender tu vida y para eso debes usar toda la fuerza necesaria para frenarlo. Es por eso que corres y llamas a la policía. Lo mismo sucede en Twitter. Uno trata con todo tipo de personas: algunas son católicas devotas, otros son enemigos de la Iglesia, otros son confundidos, otros son trolls, etc.”
Y sigo diciéndole: “Twitter es una red social muy tóxica por lo politizada que está, aunque también está llena de gente excelente y con ganas de servir a Jesucristo. Sin embargo, los sacerdotes en esa red no siempre tenemos que lidiar con ‘mujeres devotas y santas’. A veces tenemos que lidiar con personas que, si fuese por ellos, nos pasarían a degüello. Por lo tanto, te respondo con una analogía: el soldado que está en la guerra debe disparar muchas balas, ya que de lo contrario no sobrevive ni él ni su país al cual está defendiendo. Pero ese soldado, en su casa, con su esposa y sus hijos, seguramente es súper amoroso y cariñoso. De la misma manera, una cosa es el sacerdote interactuando en las redes sociales con personas que odian al cristianismo, y otra cosa es el mismo cura en su parroquia con su ‘familia espiritual’. Tú me conoces en el ‘campo de batalla de Twitter’. Pero Twitter no es la vida real. En Twitter hay que saber buscar la gloria de Dios y la salvación de las almas defendiendo la verdad con garras y dientes (sin olvidarse de la caridad, obviamente). En la parroquia, también hay que buscar la salvación de las almas y la gloria de Dios, pero la diferencia radica en que los parroquianos, por lo general, si van a la Iglesia es porque buscan ser católicos y amar a Jesucristo (muchos lo hacen equivocadamente y por eso hay que saber guiarlos, pero el hecho de que vengan a Misa ya implica que están buscando a Dios). En Twitter, a veces, mucha gente usa su influencia para destruir el cristianismo y todo lo que tenga que ver con nuestra fe, y es por eso que ya uno no trata con gente amiga sino con enemigos, no personales, sino de Dios; y por eso no siempre es posible contestarles con ‘sonrisas y abrazos’. Hay que contestarles con la verdad, y eso es lo que les duele. Pero la verdad es la única que puede liberarlos, y puede que tarde o temprano, pese a la dureza de la misma, los golpee de tal manera que terminen uniéndose a la Iglesia que intentaron destruir por mucho tiempo. Pero bueno… es por eso que me ves distinto en la vida real que en Twitter. Como el soldado no tiene el mismo comportamiento en el campo de batalla que en su casa con su familia y sus hijos; de la misma manera los sacerdotes nos adaptamos según el campo de batalla donde estamos. Una cosa es la parroquia, otra cosa son las redes sociales. En ambos lugares buscamos dar gloria a Dios con nuestra vida y llevar almas para Cristo. Pero los métodos que utilizamos no siempre son los mismos, y hay veces que uno debe ser más duro con los fariseos, no porque uno lo quiera, sino porque es la única manera de ayudarlos”.
La muchacha me dice: “No lo había pensado de esa manera. Ahora entiendo y tiene sentido lo que dice… pero le doy la opinión de alguien que lo ve de afuera: usted es un buen sacerdote, pero no solo debe serlo sino parecerlo. Es verdad que Twitter es de terror y hay todo tipo de gente. Pero no se rebaje al nivel de los trolls. Sepa mantener la altura que usted tiene, sin caer en la bajeza de aquellos que odian a la Iglesia y al cristianismo”. La miro con una sonrisa y le digo: “No sé si soy un buen sacerdote; es lo que intento, no siempre lo logro, pero es lo que trato de ser. Gracias por el consejo, que me parece muy bueno. Yo trato de atacar argumentos, no personas. A veces soy un poco sarcástico e irónico y eso es lo que choca. Pero mi objetivo no es atacar al que yerra sino el error. Te agradezco infinitamente que me hayas visitado, y me alegro de que nos hayamos podido conocer fuera de la ‘jungla de X’. La mujer se ríe y se despide, ya que estaba de paso y debía continuar su viaje.
Yo creo que muchas veces Twitter saca lo peor de mucha gente y a veces saca lo peor de nosotros (me incluyo en esto que digo). Pero las personas no son simplemente ‘cuentas de X’. Detrás de cada cuenta de X hay un ser humano (salvo que sean bots); y es por eso que hay que tener mucho cuidado con definir a las personas por lo que vemos en estos medios. Pero al mismo tiempo, me gustaron mucho las palabras de esta joven mujer: ‘no solo hay que ser, sino que hay que parecer’. Es más importante ser, obviamente, pero hay que esforzarse para que la apariencia coincida con lo que uno realmente es. No hay que juzgar por las apariencias, pero tampoco hay que descuidar las mismas, ya que la cáscara es lo primero que uno ve de la fruta; y si esta no atrae, muchos se perderán de lo que hay adentro.
Termino este largo post con una anécdota: una vez un parroquiano zurdo estaba muy enfermo en el hospital. No quería llamarme a mí porque una vez le dije que la izquierda era el peor cáncer social del siglo XX y del siglo XXI. Siendo que ningún padre pudo ir a verlo y estaba muriendo, finalmente la esposa me pidió que viniera para administrarle los sacramentos. Él pensó que yo no iba a mostrarme, pero lo hice. Luego de confesarle y darle la unción me dice: “Padre, nunca pensé que un cura de la derecha se hubiese preocupado por mí en mi lecho de muerte”. Le respondí: “No soy de derecha, aunque considero que la izquierda es la peor de todas. Sin embargo, soy católico y no me guío por ideologías modernas. Un cura católico se preocupa por la salvación de las almas, y a la hora de llevarlas a Cristo no nos fijamos si las personas son de izquierda, de derecha o de centro. Lo que buscamos es que mueran en gracia y con la paz del Señor. Ergo, aquí estoy y estaré todas las veces que me necesites”. Lo mismo les digo a cada uno de ustedes, los que me leen. Algunos me aman, otros me odian, otros son indiferentes, otros no saben qué pensar. Yo me considero un gran pecador y no soy mejor que ninguno en esta red. Sin embargo, si mi peor enemigo está en el hospital y desea confesarse y recibir los sacramentos, allí me tendrá a su lado, puesto que la salvación de un alma vale más que todo el oro del mundo. Y esto no lo digo por ser un santo (estoy lejos de esa gracia), sino porque busco hacer lo que el más mediocre de los curas debe hacer: buscar que las personas vayan al cielo y tengan vida eterna en abundancia.
Bendiciones para cada uno de ustedes.