En Cúcuta todavía no hemos dimensionado lo que significa para la ciudad el homicidio de Miguel Castellanos, quien llevaba varios meses visitando los barrios, especialmente los más humildes, logrando una gran aceptación de su nombre para las próximas elecciones a la Alcaldía. Miguel había hecho públicas, en múltiples espacios, sus intenciones de aspirar a la Alcaldía de Cúcuta, y muchos sectores de la ciudad le habían manifestado su respaldo. Por eso su crimen no es uno más. Aquí mataron a alguien que tenía una gran posibilidad de llegar a ser alcalde de Cúcuta. Y eso, sin lugar a dudas, enmarca su homicidio en una línea de investigación muy distinta.
Desde hace meses se ha venido denunciando en la ciudad la relación que existe entre un grupo mafioso perfectamente identificado y actores políticos que incluso lograron una representación en el Congreso en las pasadas elecciones. Negar eso ya no es posible. Y quien insista en negarlo, que jamás olvide el crimen de Cristian Herrera ocurrido el 6 de junio. Lo voy a decir de la forma más clara posible: en Cúcuta hay una estructura narcotraficante y criminal, con representación política, que está decidiendo quién vive y quién no. Y lo más grave, además, es que algunos periodistas nos hemos autocensurando por físico miedo y, algunos más, han vendido su silencio por monedas untadas de sangre.
Al presidente
@ABDELAESPRIELLA le pido que, como lo anunció el 1 de septiembre cuando vino a la ciudad y prometió en 15 días volver para entregar resultados sobre este y otros temas, que no olvide su promesa con esta ciudad que lo ayudó a elegir y hoy, como siempre, parece que fue olvidada.
Y a los demás aspirantes a la Alcaldía de Cúcuta los invito a que se cuiden, redoblen su protección y tengan siempre presente que los bandidos que se enquistaron en la política regional no le tienen miedo a nada porque llevan años comprobando que sus crímenes pueden quedar impunes ante la mirada pasiva de las autoridades que deberían investigarlos.