En Alemania hay una iglesia donde hoy la gente va a desayunar.
En El Salvador, la gente oye misa desde la calle porque adentro ya no cabe.
Llevo ya dos años viviendo acá, y hay una escena que todavía me conmueve cada domingo.
La iglesia llena. Gente de pie en la puerta. Sillas plásticas afuera. Señoras con su Biblia bajo el brazo, niños medio dormidos, jóvenes que llegaron solos. Y desde otra calle, el culto evangélico que se escucha en toda la colonia.
Nadie lo ve como algo especial. Es simplemente domingo.
Para mí no lo es.
Porque en mi país las iglesias se están quedando vacías.
Solo en 2025, al menos 46 iglesias católicas en Alemania dejaron de ser iglesias para siempre.
En Bielefeld, una iglesia es hoy un restaurante. Donde antes se rezaba, ahora se pide el brunch.
En Mönchengladbach, otra se convirtió en un muro de escalada.
Las paredes siguen ahí. Las ventanas siguen ahí.
Pero Dios ya no es el motivo por el que la gente entra.
No escribo esto para burlarme de mi tierra. Lo escribo con tristeza. Alemania tiene catedrales de mil años, construidas por generaciones que creían de verdad. Y hoy muchos de sus nietos ya no saben para qué sirven.
Una iglesia no se vacía de un día para otro.
Se vacía de a poco. Un domingo que uno no fue. Luego otro. Luego los hijos que ya no aprenden a orar. Hasta que un día alguien dice: "este edificio ya no se usa".
Por eso, salvadoreño, quiero decirte algo:
Lo que tienes cada domingo no es normal. Es un regalo.
Esa iglesia llena. Esa alabanza que se oye desde la calle. Esa abuela que te llevaba de la mano a misa. Ese pastor que ora por tu familia.
En muchas partes del mundo eso ya se perdió.
Hace unos tres mil años, el rey David escribió:
"Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos." (Salmo 122:1)
Se alegró. No fue por obligación. Fue con alegría.
Eso es lo que veo aquí cada domingo.
Así que este domingo, si puedes, ve. Lleva a tus hijos. Invita a alguien que hace tiempo no va. Siéntate aunque sea en la silla plástica de afuera.
Porque las iglesias no se cierran cuando falta dinero.
Se cierran cuando falta gente que las ame.
Que en El Salvador nunca nos toque ver una iglesia convertida en restaurante.
Dios bendiga a El Salvador. 🇸🇻🙏