Hay apretones de mano que igualan. Y hay otros que entregan el cargo antes de hablar. Lo de
@JMilei con Netanyahu no parece un encuentro entre presidentes. Parece alguien que necesita que le acepten.
La cabeza se baja. Las manos no sueltan. La risa se desborda mientras el otro sostiene el espacio y la sonrisa. No es alegría. Es alguien que pide no ser dejado solo. Eso es la diplomacia de la sumisión: no se firma en un papel, se firma en el gesto. El mismo teatro con Trump y con Musk. El tono, la risa, la postura. Siempre el mismo mensaje: estoy de tu lado, no me sueltes.
Hacia adentro, motosierra. Hacia afuera, genuflexión. En la ONU levanta las Malvinas y, en el mismo viaje, se achica ante quien representa fuerza y privilegio. No es un descuido. Es un método. Dureza para el pueblo, docilidad para el poder que manda de verdad.
Mientras tanto, la pobreza volvió a subir. Casi un tercio del país otra vez al borde. Y el presidente ríe hacia abajo. Esa sumisión no le devuelve dignidad a Argentina. Le garantiza a Milei un lugar en la foto. El costo lo paga quien no sale en esa foto.
Hay países que se defienden de pie. Hay gobiernos que se ríen inclinados. Pobre Argentina: no porque su presidente ría de más, sino porque esa risa ya no le pertenece.