La mascota de Gustavo Petro, a la que le pagamos cientos de millones con nuestros impuestos para que haga su fracasado programa en RTVC, recibió la orden de atacarme luego de que publicara este video que los tiene delirando.
El delirio de Ingrid Betancourt es similar al de Juan Manuel Galán. Un día alguien, quizá en sus familias, les dijo que eran importantes para el país. Que debían asumir ese rol y que su misión en la vida era la de un héroe nacional que se vistiera de presidencia para salvarnos de no sé qué. Y así andan, como unos loquitos, hablando a la nada, hablándole a nadie. Llenándose el ego con autoengaños e inflándose con la alfombra roja y los parlantes que les prestan los medios cada que van a decir cualquier estupidez que consideran de mucha importancia en sus vidas insulsas. Es triste verlos parasitar, usurpar funciones y cargos simplemente porque siguen perdidos y extraviados acompañados del gen de la maldad. Ese que, también, les hace creer que el erario hace parte de su privilegio. ¡Un par de hijueputas es lo que son!