Al chavismo y al puntofijismo hay que pasarles un tanque por encima y dejar tierra arrasada. Con esa basura, que es el cáncer que ha carcomido Venezuela durante 68 años, nada bueno se puede construir. Ciertamente, tenemos la oportunidad de construir una nueva Venezuela, como nunca antes fue, el mejor país que podemos llegar a ser. Pero, para lograr eso es necesario cortar por lo sano, no podemos seguir arrastrando a personas y organizaciones que encarnan y representan todos los vicios del pasado. Chavistas, adecos y copeyanos, son todo lo que está mal y tanto daño le han hecho a Venezuela.
LES VOY A DECIR LA VERDAD COMPLETA Y CLARA. Yo preferiría que María Corina estuviera gobernando en Venezuela, ya consolidada, con el apoyo de todos sus conciudadanos. Hasta por razones personales: es la única de las aspirantes de quien puedo decir que hasta amiga mía es. Pero sería arrojarla en un nido de víboras. Inmolarla y perderla. Lo prudente es que, bajo sospecha y vigilancia, alguien como la astilla del mismo palo, que conoce el paño, ordene lo indispensable para comenzar a gobernar, porque ahora mismo no hay gobierno. No es el caso de López Contreras, a quien Gómez en sus últimos años dio carta blanca para ordenar la sucesión. Ni el de Larrazábal, un militar a quien apoyaron los militares y los tres grandes líderes civiles -Betancourt, Caldera y Villalba. Y los empresarios, de la talla de Eugenio Mendoza, Ángel Cervini y Rodolfo Rojas. En la Venezuela de ahora lo que hay son todas las condiciones para el caos. Nos salva de él la interesada pero interesante intervención americana y lo único que puede estabilizarnos es la continuación de ese interés y un respaldo, también interesado, del único partido existente, Acción Democrática, lo cual obligará a que los demás también apoyen, porque si no lo hacen los adecos se cogerán el gobierno. Entiendan que el que no tiene interés en algo, en cualquier momento puede abandonarlo. Dios nos está dando una segunda oportunidad. No sé por qué lo hace, porque no estoy seguro de que lo merezcamos. No la desperdiciemos. Y dejen las impertinencias legalistas ni pongan condiciones que no se pueden cumplir. Esto es política, una diabólica actividad en la cual las mejores cosas se hacen por los peores motivos. Seguiré contándoles, con la autoridad de quien tiene años diciéndoles de que mal se ven a morir, ha sido amigo o enemigo íntimo de todos los presidentes de la Venezuela moderna y contemporánea salvo el chulo de Silvia y no quiere nada para sí porque su problema es que tiene demasiado. Seguimos.