Buenos días gente bella,
Aquí van mis primeras impresiones sobre los acontecimientos del 22 de septiembre.
Al mismo tiempo que Delcy Rodríguez se daba un baño de burocracia internacional en la ONU y se reunía con Donald Trump, María Corina Machado confirmaba su séptimo intento frustrado de regresar a Venezuela.
Como la política venezolana de los últimos meses se parece cada vez más a una temporada de The Apprentice: Caracas Edition, para mí resulta indispensable asumir que casi todo lo que vemos en pantalla son puros efectos especiales.
¿A qué me refiero?
Es más que evidente que la administración Trump avanza con un plan propio cuyo objetivo es el control y la rentabilidad de los recursos energéticos venezolanos. Mientras van por el botín, porque "al vencedor le pertenecen los despojos", nos entretenemos con el desfile de gestos rituales y encuentros privados filtrados a conveniencia por la parte interesada.
Pedro J. Ramírez leyó hoy, en la mañana madrileña, el saludo de Delcy a Pedro Sánchez como el de una novia que se despide de un pretendiente menor porque ya tiene pactada la boda con un magnate. La metáfora es chocante, sí, pero describe a la perfección el pragmatismo del poder: el bromance D-D (Donald & Delcy) va viento en popa.
Sin embargo, aquí todos parecen jugar a engañarse. La oposición, incluso la que se sienta a colaborar, busca desesperadamente justificar sus pasos para no admitir que quedó relegada a un papel de reparto. Y, de la misma manera, la cúpula del chavismo 3.0 se consuela con esa vieja máxima de "doblarse para no partirse".
En el camino, a quien terminaron quebrando fue al país entero.
Lo que viene en los próximos meses no es una apertura milagrosa, sino muy posiblemente el desmantelamiento formal de lo que queda de PDVSA y la sustitución silenciosa del régimen de explotación petrolera. Y eso sin que sus beneficios lleguen rápidamente a la población, porque esta es una industria lenta y porque la redistribución de la renta será aún más complicada por los nuevos modelos de negocio.
Es posible que estemos ante el cambio de paradigma más radical de los últimos 60 años: el paso del Estado rentista propietario a una especie de factoría extractivista a bajo costo.
Mientras Delcy y María Corina tragan sapos y cocodrilos, lamentablemente la mayoría de los venezolanos están tragando es mierda.
¡Abracitos!