Existe un prejuicio bastante torpe que identifica al Capitalismo con las grandes empresas.
Como si el Capitalismo comenzara cuando aparece una multinacional, un rascacielos y miles de empleados.
Es exactamente al revés.
El Capitalismo tiene su expresión más elemental en la pequeña empresa: en quien abre una tienda, arriesga sus ahorros y compite con otros.
Ahí está la esencia.
El Capitalismo no consiste en que existan empresas enormes. Consiste en que exista propiedad privada, intercambio voluntario, libre competencia y ahorro/inversión.
Las grandes empresas son la recompensa de ese proceso, no su fundamento.
Una corporación gigantesca puede ser capitalista, por supuesto. Pero también puede convertirse en una criatura protegida por regulaciones, privilegios y barreras de entrada.
Y cuando eso ocurre, deja de representar precisamente aquello que hace dinámico al capitalismo: la posibilidad de que mañana aparezca alguien pequeño dispuesto a desafiar al grande.
El verdadero espíritu capitalista no está en el tamaño.
Está en la posibilidad de empezar desde abajo.
Esa es la raíz.
Lo demás es simple historia empresarial.