Para quienes lo dudan o se lo preguntan, voy a explicar por qué el abogado de mafiosos es un corroncho:
Primero debo aclarar que, como costeño de nacimiento, hijo de padres costeños, nieto de abuelos costeños, TODOS Y POR LOS DOS LADOS y bisnieto de abuelos costeños, toditos, sin ninguna excepción, puedo decir con autoridad:
El abogado de mafiosos es corroncho por lo siguiente:
1. no es “corroncho” por ser caribeño. Eso sería regionalismo barato. Lo es, en el sentido costeño de la palabra, porque confunde elegancia con ostentación, autoridad con arrogancia y carácter con estridencia.
2. En el Caribe, el corroncho no es simplemente el costeño: es el que necesita exhibir plata, poder, apellido y contactos para demostrar que “llegó”. En buen costeñol: un espantajopo.
3. Abelardo convirtió su apellido en marca, personaje, vestuario, licor, música y espectáculo. No vende solo ideas: vende permanentemente la grandeza de Abelardo. Mucha sofisticación anunciada suele revelar poca elegancia real, su falta de medias, con pantalón de tela, es quizá lo más superfluo de este punto.
4. La elegancia auténtica es sobria. No necesita gritar. Cuando alguien debe rodearse de pañuelos, vinos, trajes, apodos y poses para parecer distinguido, el resultado puede ser lujoso, pero sigue siendo corroncho.
5. También está la contradicción entre apariencia y modales: se puede vestir de seda y hablar de alta cultura, pero si el discurso público vive de la bravata, la descalificación y la intimidación, el refinamiento es solo escenografía.
Por eso Abelardo representa al corroncho sofisticado: lujo sin medida, ego convertido en espectáculo y una necesidad permanente de demostrar poder. Mucho decorado, mucho rugido y muy poca sobriedad.
Al final, Abelardo no proyecta grandeza: la sobreactúa. Se disfraza de elegancia, se rodea de símbolos de poder y convierte cada aparición en un monumento a sí mismo. Pero tanto lujo exhibido no alcanza a ocultar lo esencial: detrás del pañuelo, el rugido y la pose, solo queda un ego ruidoso intentando parecer estadista.