Cada vez que se habla de pensiones aparece el mismo argumento: «El problema son los salarios, que son muy bajos».
Y tienen razón en una cosa: España tiene un problema enorme de productividad y salarios. Pero hay un pequeño detalle que parecen olvidar.
Desde 1995, el salario medio ha crecido un 8% en términos reales. La pensión media de jubilación, un 71,6%. Es decir, la pensión media ha aumentado un 59% en relación con el salario.
Y en un sistema de reparto, las pensiones se pagan con las cotizaciones de quienes trabajan. Cuanto mayor sea la pensión respecto al salario y más pensionistas haya por cotizante, mayor será el esfuerzo necesario para financiar el sistema.
A eso añádele que vamos camino de tener un 30% de la población mayor de 65 años.
Por supuesto que necesitamos mejores salarios. Pero la productividad no aumenta escribiendo un párrafo en el BOE y los salarios de hoy también determinan las pensiones de mañana.
Aunque mañana los salarios experimentasen una subida histórica, solo ganaríamos tiempo: esos salarios más altos acabarían generando pensiones más elevadas y, mientras el sistema siga prometiendo prestaciones superiores a lo que actuarialmente permiten las cotizaciones, el desequilibrio volvería a aparecer.
Y hay otra cuestión que convenientemente se ignora: las cotizaciones sociales forman parte del coste laboral. Subirlas para financiar las pensiones también acaba repercutiendo sobre los salarios de los trabajadores.
Pretender que podemos seguir aumentando las pensiones muy por encima de los salarios y que todo se arreglará cuando crezca la productividad es una forma bastante cómoda de esquivar el problema.
Sobre todo cuando la factura se la estás pasando a quienes trabajan hoy y a quienes trabajarán mañana.