Así que no es un problema de austeridad fiscal y de equilibrar las finanzas, es un castigo y una revancha. Queda claro.
Los recortes presupuestales que hemos impulsado a la JEP están más que justificados. Una entidad derrochadora, que trabaja para los victimarios, incapaz de juzgar a los grandes capos del narcotráfico, el secuestro, el terrorismo y las violaciones de DDHH, merece este y otros recortes.