Uno de los grandes debates de la humanidad sigue abierto.
Rousseau pensaba que el ser humano nace libre, con una inclinación natural a la compasión, y que es la sociedad —la desigualdad, la propiedad, la competencia— la que termina corrompiéndolo.
Hobbes miraba exactamente al revés. Sin leyes, instituciones y un poder común que nos contenga, el estado de naturaleza desemboca en la “guerra de todos contra todos”.
Dos maneras de mirar al ser humano. Dos maneras de pensar para qué necesitamos vivir en sociedad.
Después de siglos, la pregunta sigue ahí.
¿La sociedad nos corrompe o es lo que nos impide destruirnos?