Le gritan ‘¡Andrea!’ y responde con una reverencia tras otra. Un gesto que puede ser de agradecimiento, pero que también le permite bajar el rostro repetidamente. Manos apretadas, sonrisa tiesa. Su lenguaje corporal, habitualmente expansivo, esta vez es pura contención.
Vestida completamente de negro: autoridad, sofisticación, sobriedad… y también luto.