El 7 de octubre me cambió la vida.
No como una frase hecha. Me cambió la vida de verdad.
Cambió mi presente de entonces. Me desesperó. Me hizo descubrir cosas que hubiera preferido no ver nunca y observar de otra manera a personas que admiraba desde hacía años. Artistas, músicos, personalidades que amaba, dejaron de significar lo mismo cuando vi hasta dónde podían llegar la ignorancia, la manipulación y el silencio. Y para mí ya no existen más.
También cambió mi futuro.
Tenía otro país esperándome. Un proyecto programado, decidido y confirmado. Una vida que debía continuar por otro camino. El 7 de octubre atravesó todo eso y aquel tren que estaba por tomar pasó. Y muchas veces siento que pasó para siempre.
Pero mientras una parte de mi vida se desarmaba, otra empezó a ocupar un lugar que jamás imaginé.
Israel.
Israel se convirtió en mi obsesión, en el mejor sentido de la palabra. En mi motivo para luchar, para editar, para escribir, para postear, para explicar, para mostrar lo que otros preferían ignorar o directamente ocultar.
Israel fueron también mis noches sin dormir.
Las alarmas. Esperar noticias de una operación militar. Actualizar una pantalla una y otra vez. Quedarme despierto mientras esperábamos el regreso de un rehén. Postergar actividades. Supender encuentros. Celebrar cada rescate, sufrir cada nombre que no queríamos leer y sentir que lo que ocurría a miles de kilómetros estaba pasando, de alguna manera, también dentro mío.
Durante estos tres años cambiaron muchas cosas. Perdí personas, encontré otras, cerré etapas, empecé de nuevo y aprendí que un solo día puede modificar todo lo que creíamos tener decidido.
Y a mí un solo día me cambió mi vida. Para siempre.
El 7 de octubre también me mostró quién estaba, quién desaparecía, quién entendía y quién elegía mirar para otro lado. Se cayeron caretas. Amigos y conocidos falsos. Amigos y conocidos sin empatía. Amigos y conocidos … antisemitas!
Y me mostró algo de mí que tampoco conocía.
Encontré una causa que dejó de ser solamente una causa. Encontré una parte de mi identidad que estaba ahí, desde que nací, en mi casa, en mi educación, en mi forma de pensar, en mis principios, pero que aquel día despertó con una potencia imposible de volver a guardar.
Por eso, cuando digo que el 7 de octubre me cambió la vida, hablo de todo esto.
De lo que perdí.
De lo que dejé atrás.
Del futuro que no fue.
De las personas que ya no pude mirar igual.
De las noches sin dormir.
De cada rehén que esperé.
De cada soldado que lloré.
De cada discurso que me emocionó.
De cada alarma.
De cada noticia.
De cada publicación.
Y de Israel.
Sobre todo, de Israel.
Tres años después no soy el mismo que era la mañana del 7 de octubre de 2023.
Una parte de mi vida quedó de aquel lado.
La otra sigue acá, haciendo lo que aprendió a hacer desde entonces:
recordar, contar, mostrar y defender.
Porque el 7 de octubre cambió mi presente, cambió mi futuro y terminó cambiándome a mí.
Los soldados de hoy son la generación más gloriosa de la historia del pueblo judío. Y nosotros somos la generación de la resistencia, de la resiliencia, del coraje, de la enorme importancia de Israel en el mundo y del pilar inescindible que es Tzión y Jerusalem en nuestra identidad judía.
Am Israel Jai. 🇮🇱